Aída la bella

Aída la bella
de María Elena Schlesinger
por Gabriela Velásquez
“Irrumpí en su cuarto como para encontrar alguna repuesta o aliviar mi pena.”
 (Pág 139)
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La Guatemala de antaño se ve reflejada en cada uno de los cuentos narrados en este libro de relatos, en el que el lector se trasladará automáticamente a los inicios de los 1900´s endonde relucían el Potrero de Corona, el Teatro Colón, el Mercado Central, las calles y callejones del Centro Histórico.

El título se refiere al primer cuento, Aída la bella, es este un cuento trágico, pero no muy lejano de la realidad actual y es aquí en donde el lector se da cuenta de que lo único que ha cambiado es el tiempo, no obstante la condición de las mujeres es parecida por no decir igual a la de las mujeres de esta época.

El tiempo cronológico de las historias se evidencia con sutileza y si usted sabe lo elemental de la historia de Guatemala se ubicará muy fácilmente en cada una de las narraciones.

Los protagonistas son amigos, familiares o personajes muy pintorescos, tales como Bernardino Xocoj que decía que la Virgen le había hablado, Antonia Rodríguez que le robó el corazón a Pablo García o la triste y confundida noche de bodas de María la santa. Sin duda alguna, disfrutará las aventuras y peripecias de estos típicos chapines.

De una u otra forma este libro de tan fácil lectura, pero tan lleno de vida le conducirá por un torbellino de emociones conmovedoras, apasionantes y sombrías. Seguramente lo leerá de un tirón para saber ver qué pasa con cada uno de los personajes, a mí me pasó.

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Mendel, el de los libros

Mendel, el de los libros
de Stefan Zweig
por Cristina Vásquez
“Todo lo demás que pudiera ocurrir a su alrededor fluía junto a él como un ruido fondo”.
(S. Zweig)

 

9788496834903La novela se desarrolla en la capital de Austria, en plena guerra a finales del de 1915.

El narrador es un joven que regresa a Viena y que por causa de la lluvia se refugia en un café, cuando se sienta y ve las instalaciones viene a su memoria el nombre del lugar, Café Glück, y recuerda inmediatamente a Mendel.

Jakob Mendel es un judío de Galitzia que llegó a Viena con el afán de convertirse en rabino, pero lo abandona debido a su obsesión por los libros. “Realmente, se trataba de una enciclopedia, de un catálogo universal sobre dos piernas”1 sabía sobre cualquier título, lugar y fecha de publicación, precio aproximado y en qué biblioteca o librería se podía conseguir.

Mendel, un personaje que entraba en la cafetería, se sentaba en la misma mesa todos los días, y estaba tan obsesionado por la lectura que no se percataba de lo que ocurría a su alrededor, incluso ignoraba de la guerra que acontecía con Rusia porque no leía los periódicos.

Esta novela nos acerca a la locura, a la obsesión por la lectura. Una novela que nos recuerda a una cafetería de alguna librería e inmediatamente a esas personas que llegan frecuentemente, se sitúan en la misma mesa y piden el mismo café o el mismo aperitivo.

 

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Buscando a Alaska

Buscando Alsaka
de John Green
por M. Gabriela Sosa
“Imaginar el futuro es un tipo de nostalgia. Te pasas toda la vida atorado en el laberinto, pensando en cómo vas a escapar de ahí un día y qué fabuloso será; imaginar ese futuro te mantiene con vida,
pero nunca te escapas. Sólo utilizas el futuro para escapar del presente.”
(Green, 2005, pág. 54 edición en inglés).

John Green

En Buscando a Alaska, el autor estadounidense John Green describe a través de los ojos de su protagonista, un adolescente, la búsqueda del sentido de la vida. Con citas de los escritores Gabriel García Márquez y François Rabelais invita al lector a reflexionar sobre la culpa, el sufrimiento, la vida y la muerte, así como el suicidio y la soledad.

El personaje principal, Miles Halter narra en primera persona los hechos ocurridos antes y después del suceso que lo marca, haciéndolo confrontar su postura ante la vida y la muerte, y sus significados.  Guiando al lector a través del laberinto que es la vida y reflexionando sobre la forma en la que cada persona encuentra la salida.

Ambientada en el contexto realista de una escuela secundaria, la novela también profundiza en los primeros amores y la importancia de la amistad.

Buscando a Alaska es un viaje por  comprender a los demás, especialmente a los amigos porque Miles necesita comprender a su amiga Alaska, sus experiencias y sus motivos. Miles se embarca en una búsqueda de significados, que lo obsesionan, sobre todo quiere  descubrir la verdad acerca de ese evento que marcó su vida y la de sus amigos.

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La insoportable levedad del ser

La insoportable levedad del ser
de Milan Kundera
por Juan Carlos Figueroa M
No sé por qué he sido tan terco. Uno decide algo, ni siquiera sabe muy bien cómo, y esa decisión se mantiene luego por su propia inercia. Cada año que pasa es más difícil cambiarla. (321)

Milan Kundera

Estar conscientes de qué es lo que decidimos implica reconocer que esas decisiones son únicas en su momento; es decir, no podemos regresar a ese evento en particular y cambiar de decisión. Prácticamente no hay repetición de nada. Luego, podemos darle mucha o poca importancia a esa decisión, pensar en sus posibles consecuencias e inevitablemente afrontarlas como sea.

Para algunos, como para mí, podría resultarles más difícil tomar una decisión cuando están implicadas otras personas, cuando pensamos que dicha decisión (la propia) les afectaría también. En ese sentido, qué mejor ejemplo que el de las personas enamoradas, las que son infieles, las que con sus decisiones hacen bien, pero también hacen daño.

Las decisiones, inevitablemente, implican sentimientos. Es por esos sentimientos que  luego las consecuencias se perciben como buenas o como malas. De alguna manera, este constante cálculo entre lo que resulta conveniente, por interesante, por curiosidad, por conocer algo distinto, tiene una consecuencia que, en términos de lo que presenta este libro, se podría medir como el peso o como la levedad de esa consecuencia.

Aunque el contexto en el que se presenta la historia implique una guerra, mudanzas y tragedias, éstas como para cualquier persona, representan el contexto real, es decir el del tiempo y espacio donde ocurre la vida. Por eso, más que narrar, La insoportable levedad del ser implica recordar e identificar aquellas cosas que, por suerte o porque así lo decidimos, llegaron a nosotros y nos cambiaron.

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La noche del 9 de febrero

La noche del 9 de febrero
de Víctor Muñoz
por Jorge Lemus
Hacía ya casi dos años que su hijo había desaparecido. —Fue el 9 de febrero —se dijo. (10) 

Víctor Muñoz

Víctor Muñoz es un autor guatemalteco galardonado con el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias en el año 2013.

Su novela, La noche del 9 de febrero narra la angustia de un padre por la desaparición de su hijo. Un papá desesperado que lucha hasta lo imposible por obtener alguna respuesta sobre su primogénito.

La obra se desarrolla en una de las épocas más sangrientas que han vivido los guatemaltecos, el conflicto armado interno que tuvo como consecuencia la pérdida de vidas inocentes, no solo de las personas involucradas sino que también de las personas que sufrieron el dolor por la pérdida de sus seres queridos.

Describe con gran acierto la  tristeza y la desesperación del protagonista en su búsqueda implacable para encontrar respuestas sobre la desaparición de Ernesto, su hijo. Con ironía y sencillez el autor describe la idiosincrasia de los guatemaltecos, un abogado que se niega a ser contratado por miedo a las consecuencias y un supuesto guerrillero que extorsiona a la familia para que la lucha armada sobreviva.

Esta novela pone en evidencia la dolorosa realidad con la que los guatemaltecos se enfrentan día a día, porque aún hoy muchas personas se identificarán con el protagonista, ya que los guatemaltecos viven situaciones similares aunque las causas sean la delincuencia común, la corrupción y la falta de oportunidades entre otras muchas razones.

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La nieta de señor Linh

La nieta de señor Linh
de Philippe Claudel
por Nicolle Marie de la Vega Montenegro
El anciano se llama Linh. Es el único que lo sabe
porque el resto de las personas que lo sabían están muertas. (9)
 

Phillippe ClaudelLa nieta del señor Linh” es una novela escrita por Philippe Claudel, ganador del Premio Renaudot en el 2003.

Esta novela refiere cómo se va desarrollando la vida del señor Linh y su peq
ueña nieta, apenas una bebé, después de huir de su pueblo natal devastado por una guerra que destruyó familias y donde pocos fueron los sobrevivientes.

Enfrentándose a un mundo completamente desconocido, el señor Linh junto a su pequeña Sang Diu recorre una larga distancia hacia un país nuevo, viéndose afectado por el clima, el idioma y sobre todo, la añoranza que su ya desaparecida aldea le provoca.

Es un relato enternecedor que evoca los más profundos sentimientos, donde el lector se ve inmerso en la nostalgia y el miedo que el anciano sufre una vez llegado al que podría ser su nuevo hogar. El autor describe cada hecho con la sensibilidad y la dureza necesaria, aquellas que solo podría entender alguien que ha dejado atrás todo lo que conocía y a lo que se aferraba.

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“En Guatemala hay tanta moral, que hasta la hay doble”: Luis Antonio Morales Rodríguez vuelve a ganar los Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango

por José Luis Perdomo Orellana

Entrevista con Luis Antonio Morales Rodríguez a partir de Caminar por la vida y Sinfonía de los muertos, obras con las cuales impuso sus huellas digitales en los Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango en 2011 y 2014, sección poesía.

Al otro extremo del compinchismo chapinoide, Luis Antonio Morales Rodríguez no tenía “conocidos” en el jurado calificador —integrado por filósofos y literatos de la Universidad de Chiclayo, Perú— cuando en 2011, a la edad de 19 años, obtuvo los Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango gracias a la poesía que tridestiló en Caminar por la vida.
Tampoco tuvo “conocidos” ahora que en 2014, a la edad de 22, volvió a ganarlos, también por unanimidad, gracias a Sinfonía de los muertos, obra que —según el acta signada en San José por humanistas costarricenses— “tiene una calidad literaria muy por encima de las demás (…) La muerte en estos versos es más amplia que el hecho de morir (…) Hay también un verso fluido, musical, versolibrista que lleva al lector al hecho de que la muerte puede ser también muchas muertes. Es una seria y conmovedora musicalidad emocional (…) La muerte es finalmente poesía, conversación, soliloquio. Es un libro exquisito en imágenes y lenguaje altamente vehemente, presente y místico que perpetra el lenguaje de los vivos a muertos que reviven por medio de la palabra que les da cabida al recuerdo. Calidad lingüística en el lenguaje poético. Un texto alejado de todo temor a morir y cantarle al vacío o la soledad misma, que se trasluce también como una manera de muerte.”
Además de ser el poeta más joven que ha obtenido dos veces uno de los mayores premios de poesía escrita en idioma español —y el único que se comunica en maya-kiche’, latín, francés y español—, Morales Rodríguez egresó en 2010 de la Escuela Nacional de Arte Dramático y actualmente cursa en la Universidad de San Carlos de Guatemala las licenciaturas en Sociología, Lengua y Literatura. Cuando no está estudiando o escribiendo poesía, hace teatro, danza o colabora con el maestro Paulo Alvarado en el Cuarteto Contemporáneo de Guatemala.
Todavía agradecido por las multitudinarias muestras de cariño que recibió en el Teatro Municipal de Quetzaltenango durante la siempre refulgente premiación de los LXXVII Juegos Florales Hispanoamericanos, Luis Antonio Morales Rodríguez —a años luz de las vacuas poses de los aporreadores de teclas que silban o mandrilean sedicente poesía auténticamente bandolera y oenegera— tuvo la generosa paciencia de escuchar y corresponder. De él es La Palabra, como ya lo fue y será.

José Luis Perdomo Orellana: Nadie más indicado que usted mismo para nombrar las diferencias y las confluencias entre Caminar por la vida y Sinfonía de los muertos. De entrada, ¿aceptaría que el primer título suena vital, a cierto Vivaldi, por ejemplo, y que la Sinfonía suena a Música para el funeral de un hermano masón de Mozart?

Luis Antonio Morales Rodríguez: Coincido con eso. Hay un contraste entre vida y muerte, entre canto y clamor. En cuanto a las diferencias formales hay una que es fundamental. Sinfonía de los muertos tiene una estructura más rígida y uniforme en comparación a Caminar por la vida. En Caminar por la vida mi visión era más intimista, más personal, la creación es casi biográfica, el yo poético es el poeta mismo. En Sinfonía de los muertos hubo un intento de exploración menos personal pero sanador y muy significativo para mi vida. El yo poético está situado desde distintas perspectivas; me gusta más pensar en el rol de un dramaturgo que inventa a sus personajes y los hace hablar y actuar según lo creado.
La poesía y la música aunque modernamente parezcan tan disociadas, alguna vez estuvieron fundidas. La poesía, creo, intenta solamente recrear el ritmo de las palabras en un estado espiritual determinado. Por eso, cuando la poesía existe únicamente por la palabra y no por la musicalidad y las imágenes que ella produce es palabra muerta, pregón repetitivo, discurso de merolicos.

JLPO: En 2011, dedicó Caminar por la vida “A ustedes, mi familia, mis amigos. A ti, mi amor”, pero tres años después en Sinfonía no hay dedicatoria. ¿Desaparecieron los motivos para dedicar?

LAMR: Es simplemente que, de alguna manera, nuestra cultura nos dicta que la vida se celebra y se comparte. La muerte, por el contrario, es un hecho mucho más ceremonial, incluso íntimo que solamente se conmemora, se vive, pero nunca se le atribuye esa belleza extraña y casi esquizofrénica que el dolor y la ausencia tienen.

JLPO: Al utilizar, desde el título, el verbo caminar, ¿acepta la cercanía de su compatriota directo Otto René Castillo?

LAMR: Aceptaría la cercanía no solamente de Otto René Castillo sino a una serie de poetas y artistas que han buscado su escape, su evolución, su construcción en el peregrinar, en la dinámica, en el largo camino que implica la vida. El constante movimiento procura inestabilidad, búsqueda, equivocación, acierto, esperanza, castigo y expiación. No hay trascendencia ni poesía verdadera en la estabilidad.

JLPO: En Caminar por la vida, a la hora de los epígrafes, le hicieron compañía Antonio Machado, Dante, Albert Camus, Cavafis, Neruda, Marguerite Yourcenar. En Sinfonía de los muertos están con usted Cavafis (de nuevo), Leopoldo María Panero, Platón, Carolina Escobar Sarti y Camus (otra vez). ¿Qué encuentra en su cercanía?

LAMR: Encuentro luz, camino, palabra, que son tres de los muchos sinónimos para poesía. Siempre al terminar de leer un texto, algo ha cambiado, la palabra nos transforma. Encontrar coincidencias en gente tan ajena a mi contexto, de épocas tan distintas, no puede menos que confirmar que todos los espíritus humanos son el mismo, supeditados a su cultura, su época y su espacio. Que la poesía es la palabra anterior a la creación de la humanidad y que el poeta la hace terrenal.

JLPO: Específicamente en Caminar por la vida, decirle a alguien “Aún no has partido y me tortura la idea de que lo hagas, / ¿quién si no tú, mi cómplice, mi eterno acompañante?” ¿no es abrir demasiados flancos como para que jueguen rayuela con su alma?

LAMR: Exponerse creo que es parte fundamental de escribir; más o menos, no importa pero siempre la creación estética conlleva sinceridad, organicidad, transparencia. Detrás de la poesía hay siempre un ritual que nos desnuda y hace que por unos instantes nos importe menos ser frágiles y vulnerables. La poesía nos permite decir cosas que solo el cinismo, el dolor o el amor nos harían decir a viva voz. Jugar con nuestras almas ya es costumbre, cada verso es un pequeño juego, un acercamiento al abismo, una danza con fuego, un antídoto.

JLPO: La línea que refiere “A los amigos que me olvidaron y a los que olvidé”, ¿remite a la mea culpa que Jaime Bayly distribuyó en las páginas de Los amigos que perdí?

LAMR: Creo que son cosas muy distintas. Bayly habla de otras culpas. Yo culpo a la migración, a la distancia. Movilizarme desde mi lugar natal a la Ciudad de Guatemala para poder estudiar lo que había decidido, conllevó una serie de separaciones, desencantos, olvidos, desentendimientos. La distancia es más que física. Nos distanciamos de muchas ideas, de muchas prácticas cotidianas, y de nuestro contexto. Acabamos por ser extraños y sentir extraños a quienes fueron y construyeron nuestro contexto inmediato.

JLPO: ¿Cuáles son “las palabras que duelen”? ¿Duelen siempre igual?

LAMR: Decía un amigo que siempre hay un dolor que uno no conoce. Todas las palabras de alguna manera duelen como todas sanan. Nos duelen las verdades, las mentiras, las burlas, los insultos y los halagos también. La palabra contiene siempre un poder superior a ella misma: la intención. Las antiguas civilizaciones otorgaban a la palabra un poder rector, supra-humano, cósmico, ordenador; no era mito, era filosofía pura.

JLPO: Concluye usted Caminar por la vida con una especie de proclama: “Que no se entienda esto como despedida o final, / es más bien una postergación a la eternidad: / un canto a la infinidad y a la vida, / una oda a los caminos de la vida.” ¿Qué sucedió? ¿Por qué tanta vida dio paso a Sinfonía de los muertos?

LAMR: Creo que esos contrastes casi contradictorios permiten respiros, exploraciones, búsquedas. Pero es siempre así: para que haya vida, debe haber muerte, para entender una debe existir la otra, incluso para valorarlas. Celebrar la vida es, de alguna manera, celebrar la muerte. No creo que Caminar por la vida haya dado paso a Sinfonía de los muertos; creo que ambos estuvieron siempre ahí. De hecho fueron escritos casi en la misma época.

JLPO: Goya, Reinier y Doré ¿estaban con usted desde hacía años o se encontró con ellos especialmente para ilustrar Sinfonía de los muertos?

LAMR: La música y las artes plásticas, el arte en general, fue mi escondite, mi puerta de salida durante mi niñez. Muchas imágenes, muchas frases musicales se quedaron perdidas en mi memoria y esas referencias son valiosas aunque no indispensables para crear. De alguna manera ponerse límites, y atarse a una estructura, a una imagen permite una exploración profunda que la amplitud nos impide. La estructura de sinfonía no viene sola, dentro de los poemas hay alusiones musicales como el dies irae o el nessum dorma. De cada imagen surge la temática de un movimiento en específico. Atarme a eso me permitió explorar lo que en su momento creí que podrían ser cuatro distintos tipos de muertes.

JLPO: Abre la página 22 de Sinfonía con cuatro líneas que dicen “Eres un vivo que nunca volvió, / ¿estás muerto, / acaso? / Lo estás aunque vuelvas vivo”. ¿Qué pudo suceder como para decirle a alguien esa especie de epitafio irrefutable?

LAMR: En ese caso se hace alusión a esa muerte que solo se presume, a una desaparición corporal. Creo que eso no puede ser muy lejano de este contexto de posguerra y migración que nos tocó vivir. En esas situaciones el dolor, el enojo, la frustración, la ausencia nos hacen decir muchas cosas. Insisto en que la muerte es sobre todo una ausencia, uno acaba por acostumbrarse a ella y aprende a vivir de los recuerdos, de la esperanza. El dolor muchas veces llega a ser rabia, negación, enojo. Y cuántas historias como esta existen cerca de nosotros.

JLPO: Muy generosamente, la página 24 ofrece estas líneas: “Todos después de muertos vivimos en los recuerdos de los / vivos / yo te doy vida”. Entre tanta imbecilidad prostibularia feisbukera, agregada a la suprema sandez de los “mensajitos” y otras idioteces narcisas, ¿no arrasó ya el olvido con todo y con todos, excepto con el ombligo de tantos usuarios falsarios?

LAMR: Quizás sí, pero siempre nos queda la esperanza del recuerdo, de la memoria. Usted no me dejará mentir, crecemos y vivimos en contextos en donde nuestra historia familiar de alguna manera nos construye. El “culto” a los muertos, las visitas a lugares de los que en algún tiempo, casi mítico, salieron abuelas y abuelos, sus historias lejanas en el tiempo son quizás hechos fundamentales en la infancia de muchos como yo que crecimos en ambientes y familias rurales. Siempre hay cosas que nos salvan del olvido aun en medio de la desmemoria.

JLPO: La página 26 nos dice “Qué largo y difícil es el olvido, / solamente es en mis recuerdos en donde vives, / me aferro a ti”. Borges nos dejó dicho, más o menos: La meta es el olvido, yo llegué primero. ¿Qué le dice Borges a usted?

LAMR: El dolor, como la naturaleza humana, es diverso. Algunos prefieren el olvido, yo prefiero el recuerdo. Junto con la memoria nos construyen, nos cuestionan, nos enfrentan a nuestras propias contradicciones, nos hacen tener los pies en la tierra y tener claridad de nuestra historia personal, familiar y social; el olvido no es un camino para mí. De pronto y el olvido a algunos los hace evitar destruirse.

JLPO: En el “Segundo movimiento” cita usted a Platón. ¿Cómo pudo invocarlo, si lo menos que pidió Platón para los poetas como usted fue su inmediata expulsión de la República?

LAMR: Y expulsa a los poetas por mentirosos según su propia visión. Y eso es lo que hacemos, mentir, endulzar la verdad o mostrarla tan cruda como es. Por revoltosos, también. Es nuestra habitación el mundo de las ideas, ese de Platón. Son, en todo caso, las ideas las que pueden modificar el mundo material; cuando escribimos nos rebelamos y quizás nada cambia del mundo material pero algo se gesta en la interioridad del lector.
Además, Platón tiene una de las pocas referencias en el mundo antiguo en relación al canto del cisne. Un mito que me parece hermoso, poético, musical, lleno de imágenes…

JLPO: El “Tercer movimiento” de su Sinfonía de los muertos fue escrito “A la memoria de las niñas y niños muertos de hambre en el mundo”. ¿Acepta en esta mención la cercanía renovada de Pablo Neruda, Otto René Castillo, Mario Benedetti y Juan Gelman?

LAMR: Claro, y tantos otros. El arte en general tiene siempre una carga social y política aunque muchos la nieguen; incluso esa negación llega a serlo. El problema es que siempre tiende a catalogarse en una cierta corriente, cuando está presente en toda la literatura de manera intrínseca.
Las transformaciones sociales nunca llegan por la literatura; la creación estética es ideal y subjetiva, lo social es material y objetivo. La creación debe siempre superar al panfleto. Primero porque el panfleto es más efectivo y segundo porque como manifestación estética su función debe aspirar a la trascendencia y no a la inmediatez.

JLPO: Al escribir en la página 35 “No hubo rezos que lo impidieran, / ni santos que bajaran de su altar para ayudarnos, / no hubo ruego, / ni piedad, / ni siquiera la asquerosa caridad hipócrita.”, ¿alude a los merolicos de las megapacas espirituales y al oenegerío que se ha multiplicado como cepas malignas?

LAMR: Y fueron sus palabras puestas en mi boca las que lo aclaran. En Guatemala hay tanta moral, que hasta la hay doble. Es curioso que el pensamiento religioso imperante, tan “bondadoso”, “lleno de amor al prójimo”, “caritativo”, sea incapaz de analizar su propio contexto, de identificarse con el dolor de su prójimo y sí es capaz de minimizar o criminalizar cualquier palabra o acción que esté dispuesta a transformar estructuralmente este contexto desigual y excluyente.

JLPO: Al preguntarse “¿Qué dios cruel permitió tu muerte?”, ¿se agrega a la rebelión solitaria y derrotada de Elias Canetti ante la muerte?

LAMR: Sí y no. La muerte es absolutamente necesaria, natural. Claro que en el contexto de “El ángel de la muerte”, la muerte es pobreza, miseria, inocencia. Esa muerte es incomprensible, irracional, inhumana, inmoral, antinatural. Canetti asegura que desea dedicar su vida a buscar la inmortalidad para los humanos. Quizás hace falta solamente hacer que no ocurran las muertes injustas, inmorales, irracionales, violentas.

JLPO: Si “la muerte es el final de todo”, entonces ¿se vale todo?

LAMR: A mí me parece igualmente inmoral actuar mal que actuar bien solamente por la esperanza de una recompensa en la muerte. Aun y cuando “bien” y “mal” sean conceptos muy cuestionables, ambiguos y confusos.

JLPO: ¿Debilita el tiempo a los cuerpos, pero “hace cada vez más sólidas” a las almas?

LAMR: De pronto y fuera del poemario suena extraño. En aquel contexto dicho por un hombre que le habla a su madre muerta y cuenta parte de su historia, funciona. Pero pienso también que vejez no es sinónimo de sabiduría; ni juventud de arrebato. Ya ve que muchos de los que destruyeron o intentaron destruir este país durante la guerra ahora son ancianos y nada de solidez hay en sus almas, dureza quizás sí.

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El capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty

Para escribir este libro, Thomas Piketty se documentó envidiablemente y trabajó las series estadísticas sobre el ingreso con un rigor académico que de por sí ya lo vuelve un candidato al Nobel en los próximos años.

Además de la solidez metodológica, el autor hace énfasis en la literatura decimonónica, citando a Jane Austen y a Honoré de Balzac para contextualizar las inmensas desigualdades que se observaban en esa época.

Después de un Veranillo de San Martín (que abarcó buena parte del siglo XX a partir del shock de las Guerras Mundiales), la distribución mundial de la riqueza, tanto capital como ingreso, está llegando a los alarmantes niveles en los que se encontraba a finales del siglo XIX. En ese entonces, el 90% de los activos pertenecía al 10% de las personas. Si esta burbuja sigue creciendo, las consecuencias pueden ser nefastas.

Otros fenómenos como las estratosféricas remuneraciones a los dirigentes de las empresas, que difícilmente se justifican por su contribución marginal al proceso productivo, contribuyen al incremento de la brecha.

Pero quizás el principal problema, y la tesis central del libro, es que el rendimiento del capital (r) crece más rápido que la producción (g), lo que le da una masiva ventaja a quienes heredan patrimonios y no tienen que “empezar de cero”. Entre otras consideraciones, Piketty sugiere un impuesto progresivo al capital y un elevado impuesto a la herencia para corregir estas imperfecciones.

En resumen, el trabajo de Piketty deja mucha tela que cortar y abre posibilidades para retomar el debate de la desigualdad y desmitificar que éste sea un problema de economistas, sociólogos e historiadores, pues es un problema que nos afecta a todos. A muchas personas puede que no les guste mucho este libro por una simple razón: dice la verdad y la verdad es incómoda. O inconveniente.

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Entrevista con el Dr. Juan José Guerrero, ganador de los Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango, sección novela, 2014

por José Luis Perdomo Orellana.

Sin tener amigos ni compinches en el jurado (avecindado en San José, Costa Rica), Juan José Guerrero ganó por unanimidad los Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango con La noche del escarabajo, una novela memorable que si se abre en una camioneta Álamo a la altura de la inmunda calzada Roosevelt muy bien puede concluirse al ir llegando a esa otra inmundicia que es la ruta Interamericana a la altura de “Chimal” (como dicen haraganamente cientos de miles de mutiladores de palabras desperdigados en los cuatro o en los cinco mil puntos cardinales).

Además de español, Juan José Guerrero habla y escribe en q’eqchi’, latín, portugués e inglés. Es maestro de Educación Primaria Urbana; médico y cirujano por la Universidad de San Carlos de Guatemala, en cuya Facultad de Ciencias Médicas se graduó con la tesis (también premiada y obra de referencia) Síndrome de Aspiración de Meconio. Estudio Prospectivo en el Hospital Regional de Cobán; tiene estudios de postgrado en la Universidad Católica de Río de Janeiro y una maestría en Docencia Universitaria en la Facultad de Humanidades de la USAC. Sigue leyendo

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Desaparecida por 34 años

En 1980, la periodista Irma Flaquer fue la columnista más leída en Guatemala. El 16 de  octubre de ese año, se unió a la espantosa lista de desaparecidos de la dictadura militar.

Desaparecida. Una periodista silenciada, la historia de Irma Flaquer, de June Carolyn Erlick nos recuerda el valor de Irma como periodista y como persona, y el enorme peso de la violenta censura que sufrió.

Hoy estamos a 34 años de su desaparición y hemos pedido a algunas de sus familiares y amigas que nos ayuden a recordar también que Irma fue eso mismo para muchas personas: una amiga, una confidente, un hermana, una tía. Los textos que siguen son un recordatorio de la dimensión cercana de Irma Flaquer.

Agradecemos también a Isabel Ruano que comparta con nosotros y con ustedes la canción que compuso en memoria de Irma: Hechicera Miel

El siguiente texto fue escrito por Anabella Flaquer, hermana menor de Irma:

Recuerdo la llamada de mi prima, Tití, dándome la noticia de la desaparición de mi hermana y la muerte de mi sobrino, Fernando. Finalmente recibí la noticia que tanto temía, porque cada vez que me llamaban, al escuchar el clic indicando larga distancia, temblaba de miedo, me costaba aparentar calma, contestar a sus saludos cariñosos era un tormento. Mis nervios se calmaban. Al darme cuenta que la llamada era para saber de mi hija, Ana Victoria Teresa, y de mi persona.

Explicar mi dolor es imposible, al perderla, perdí a mi consejera, mi amiga, la persona con quien podía hablar sabiendo que me escucharía sin críticas, con ese interés que ponía cuando escuchaba las tristes historias de tantos guatemaltecos.

En una foto, ella de rodillas escuchaba el testimonio de un herido en silla de ruedas, su rostro levantado hacia él, sus ojos brillantes fijos en él.

Mi hermana me explicaba que su razón para seguir exponiéndose con sus escritos, era su amor por Guatemala.

Su columna “Lo Que Los Otros Callan” era su arma, en ella clamaba por compasión para el pueblo que sufría calladamente. Sabía que Guatemala podía ser un país feliz, y próspero si solo los gobernantes ayudaran y ella señalaba en su columna sus abusos. Si solo la dejaran ayudar en lugar de matarla, si solo tuvieran compasión y me dejaran enterrarla.

Guatemala perdió a una mujer valiente, con una visión poco común. Siendo tan delicada y muy femenina.

Sufrió dos atentados para callarla. Lo que lograron fue hacerla más decidida a luchar con su columna, su arma de fuego.

June Erlick, Directora de Revista de Harvard Review de las Américas escribió un libro tanto en inglés como en español acerca de la vida de mi hermana, dedicó muchos meses en Guatemala, leyendo sus artículos, también entrevistó a muchas personas, tanto en Guatemala como en Nicaragua y en México.

Le agradezco su intenso trabajo.

Mil gracias a la Sociedad InterAmericana de Prensa (SIP), especialmente a Ricardo Trotti.

Anabella Flaquer

El siguiente texto fue escrito por Irma Chavarría Azurdia (Mimí, la prima de Irma que vivió con ella de pequeña):

IRMA FLAQUER,
HERMANA, PRIMA, MUJER Y PERIODISTA

 Recuerdo como si fuera ayer, Irma sentada en la habitación leyendo, yo arreglando su ropa en el ropero blanco. La ropa  olía a perfume y me gustaba mucho arreglarla. Al terminar le pintaba las uñas largas y muy bien cuidadas. Yo tendría 11 ó 12 años y disfrutaba mucho estar con ella, especialmente los fines de semana. Cuando platicábamos, escuchábamos música clásica y me contaba sobre lo que estaba pasando en Guatemala. Me enseñaba fotos de sus viajes y me decía cuánto daño y cuánta tristeza puede haber cuando se tienen diferentes puntos de vista y cuando un gobierno es militar y la represión que puede ejercer.  Recuerdo a Irma como una hermana mayor hermosa y elegante que admiraba y anhelaba ser como ella.

Pasó el tiempo y continuábamos viviendo juntas. Ella ya no estaba mucho en casa,  yo iba al colegio y ya tenía un novio. Sin embargo, la veía preocupada a pesar que estaba trabajando con le esposa del Presidente. Me sentí muy triste cuando estalló la bomba en su carro. Yo pensé que se iba a morir. Recuerdo bien cuando la vi después del atentado. Ella estaba muy mal, por fuera y por dentro. En ese tiempo ya no platicábamos mucho, Irma estaba mucho tiempo afuera de la casa. Recuerdo a mi prima inteligente y capaz de hacer lo que se proponía.

Por ese tiempo, asesinaron a un primo muy querido, murió una tía que las dos queríamos mucho y también murió nuestra abuela. Nos cambiamos de casa e Irma también se fue con nosotros. Luego  me casé y me fui de la casa a formar mi familia. La veía con menos frecuencia, a pesar de que estaba pendiente de ella. Me daba temor que le fuera a pasar algo malo porque ella seguía escribiendo. Recuerdo a Irma como una mujer valiente y aguerrida.

Hay tan pocas personas que entregan la vida por su pasión. Irma lo hizo. Entregó lo que poseía, lo que sabía y en lo que creía. Todo por considerar que vale la pena luchar por los derechos de los demás, de aquellos que, teniendo voz, no son escuchados y que ella, siendo periodista, podría ser su voz y escribía a gritos, LO QUE OTROS CALLABAN. Recuerdo a Irma como una periodista de corazón que entregó su vida por los que no podían hablar.

Irma Chavarría Azurdia (Mimi)

 

 

 

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