Buscando a Alaska

Buscando Alsaka
de John Green
por M. Gabriela Sosa
“Imaginar el futuro es un tipo de nostalgia. Te pasas toda la vida atorado en el laberinto, pensando en cómo vas a escapar de ahí un día y qué fabuloso será; imaginar ese futuro te mantiene con vida,
pero nunca te escapas. Sólo utilizas el futuro para escapar del presente.”
(Green, 2005, pág. 54 edición en inglés).

John Green

En Buscando a Alaska, el autor estadounidense John Green describe a través de los ojos de su protagonista, un adolescente, la búsqueda del sentido de la vida. Con citas de los escritores Gabriel García Márquez y François Rabelais invita al lector a reflexionar sobre la culpa, el sufrimiento, la vida y la muerte, así como el suicidio y la soledad.

El personaje principal, Miles Halter narra en primera persona los hechos ocurridos antes y después del suceso que lo marca, haciéndolo confrontar su postura ante la vida y la muerte, y sus significados.  Guiando al lector a través del laberinto que es la vida y reflexionando sobre la forma en la que cada persona encuentra la salida.

Ambientada en el contexto realista de una escuela secundaria, la novela también profundiza en los primeros amores y la importancia de la amistad.

Buscando a Alaska es un viaje por  comprender a los demás, especialmente a los amigos porque Miles necesita comprender a su amiga Alaska, sus experiencias y sus motivos. Miles se embarca en una búsqueda de significados, que lo obsesionan, sobre todo quiere  descubrir la verdad acerca de ese evento que marcó su vida y la de sus amigos.

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La insoportable levedad del ser

La insoportable levedad del ser
de Milan Kundera
por Juan Carlos Figueroa M
No sé por qué he sido tan terco. Uno decide algo, ni siquiera sabe muy bien cómo, y esa decisión se mantiene luego por su propia inercia. Cada año que pasa es más difícil cambiarla. (321)

Milan Kundera

Estar conscientes de qué es lo que decidimos implica reconocer que esas decisiones son únicas en su momento; es decir, no podemos regresar a ese evento en particular y cambiar de decisión. Prácticamente no hay repetición de nada. Luego, podemos darle mucha o poca importancia a esa decisión, pensar en sus posibles consecuencias e inevitablemente afrontarlas como sea.

Para algunos, como para mí, podría resultarles más difícil tomar una decisión cuando están implicadas otras personas, cuando pensamos que dicha decisión (la propia) les afectaría también. En ese sentido, qué mejor ejemplo que el de las personas enamoradas, las que son infieles, las que con sus decisiones hacen bien, pero también hacen daño.

Las decisiones, inevitablemente, implican sentimientos. Es por esos sentimientos que  luego las consecuencias se perciben como buenas o como malas. De alguna manera, este constante cálculo entre lo que resulta conveniente, por interesante, por curiosidad, por conocer algo distinto, tiene una consecuencia que, en términos de lo que presenta este libro, se podría medir como el peso o como la levedad de esa consecuencia.

Aunque el contexto en el que se presenta la historia implique una guerra, mudanzas y tragedias, éstas como para cualquier persona, representan el contexto real, es decir el del tiempo y espacio donde ocurre la vida. Por eso, más que narrar, La insoportable levedad del ser implica recordar e identificar aquellas cosas que, por suerte o porque así lo decidimos, llegaron a nosotros y nos cambiaron.

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La noche del 9 de febrero

La noche del 9 de febrero
de Víctor Muñoz
por Jorge Lemus
Hacía ya casi dos años que su hijo había desaparecido. —Fue el 9 de febrero —se dijo. (10) 

Víctor Muñoz

Víctor Muñoz es un autor guatemalteco galardonado con el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias en el año 2013.

Su novela, La noche del 9 de febrero narra la angustia de un padre por la desaparición de su hijo. Un papá desesperado que lucha hasta lo imposible por obtener alguna respuesta sobre su primogénito.

La obra se desarrolla en una de las épocas más sangrientas que han vivido los guatemaltecos, el conflicto armado interno que tuvo como consecuencia la pérdida de vidas inocentes, no solo de las personas involucradas sino que también de las personas que sufrieron el dolor por la pérdida de sus seres queridos.

Describe con gran acierto la  tristeza y la desesperación del protagonista en su búsqueda implacable para encontrar respuestas sobre la desaparición de Ernesto, su hijo. Con ironía y sencillez el autor describe la idiosincrasia de los guatemaltecos, un abogado que se niega a ser contratado por miedo a las consecuencias y un supuesto guerrillero que extorsiona a la familia para que la lucha armada sobreviva.

Esta novela pone en evidencia la dolorosa realidad con la que los guatemaltecos se enfrentan día a día, porque aún hoy muchas personas se identificarán con el protagonista, ya que los guatemaltecos viven situaciones similares aunque las causas sean la delincuencia común, la corrupción y la falta de oportunidades entre otras muchas razones.

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La nieta de señor Linh

La nieta de señor Linh
de Philippe Claudel
por Nicolle Marie de la Vega Montenegro
El anciano se llama Linh. Es el único que lo sabe
porque el resto de las personas que lo sabían están muertas. (9)
 

Phillippe ClaudelLa nieta del señor Linh” es una novela escrita por Philippe Claudel, ganador del Premio Renaudot en el 2003.

Esta novela refiere cómo se va desarrollando la vida del señor Linh y su peq
ueña nieta, apenas una bebé, después de huir de su pueblo natal devastado por una guerra que destruyó familias y donde pocos fueron los sobrevivientes.

Enfrentándose a un mundo completamente desconocido, el señor Linh junto a su pequeña Sang Diu recorre una larga distancia hacia un país nuevo, viéndose afectado por el clima, el idioma y sobre todo, la añoranza que su ya desaparecida aldea le provoca.

Es un relato enternecedor que evoca los más profundos sentimientos, donde el lector se ve inmerso en la nostalgia y el miedo que el anciano sufre una vez llegado al que podría ser su nuevo hogar. El autor describe cada hecho con la sensibilidad y la dureza necesaria, aquellas que solo podría entender alguien que ha dejado atrás todo lo que conocía y a lo que se aferraba.

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“En Guatemala hay tanta moral, que hasta la hay doble”: Luis Antonio Morales Rodríguez vuelve a ganar los Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango

por José Luis Perdomo Orellana

Entrevista con Luis Antonio Morales Rodríguez a partir de Caminar por la vida y Sinfonía de los muertos, obras con las cuales impuso sus huellas digitales en los Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango en 2011 y 2014, sección poesía.

Al otro extremo del compinchismo chapinoide, Luis Antonio Morales Rodríguez no tenía “conocidos” en el jurado calificador —integrado por filósofos y literatos de la Universidad de Chiclayo, Perú— cuando en 2011, a la edad de 19 años, obtuvo los Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango gracias a la poesía que tridestiló en Caminar por la vida.
Tampoco tuvo “conocidos” ahora que en 2014, a la edad de 22, volvió a ganarlos, también por unanimidad, gracias a Sinfonía de los muertos, obra que —según el acta signada en San José por humanistas costarricenses— “tiene una calidad literaria muy por encima de las demás (…) La muerte en estos versos es más amplia que el hecho de morir (…) Hay también un verso fluido, musical, versolibrista que lleva al lector al hecho de que la muerte puede ser también muchas muertes. Es una seria y conmovedora musicalidad emocional (…) La muerte es finalmente poesía, conversación, soliloquio. Es un libro exquisito en imágenes y lenguaje altamente vehemente, presente y místico que perpetra el lenguaje de los vivos a muertos que reviven por medio de la palabra que les da cabida al recuerdo. Calidad lingüística en el lenguaje poético. Un texto alejado de todo temor a morir y cantarle al vacío o la soledad misma, que se trasluce también como una manera de muerte.”
Además de ser el poeta más joven que ha obtenido dos veces uno de los mayores premios de poesía escrita en idioma español —y el único que se comunica en maya-kiche’, latín, francés y español—, Morales Rodríguez egresó en 2010 de la Escuela Nacional de Arte Dramático y actualmente cursa en la Universidad de San Carlos de Guatemala las licenciaturas en Sociología, Lengua y Literatura. Cuando no está estudiando o escribiendo poesía, hace teatro, danza o colabora con el maestro Paulo Alvarado en el Cuarteto Contemporáneo de Guatemala.
Todavía agradecido por las multitudinarias muestras de cariño que recibió en el Teatro Municipal de Quetzaltenango durante la siempre refulgente premiación de los LXXVII Juegos Florales Hispanoamericanos, Luis Antonio Morales Rodríguez —a años luz de las vacuas poses de los aporreadores de teclas que silban o mandrilean sedicente poesía auténticamente bandolera y oenegera— tuvo la generosa paciencia de escuchar y corresponder. De él es La Palabra, como ya lo fue y será.

José Luis Perdomo Orellana: Nadie más indicado que usted mismo para nombrar las diferencias y las confluencias entre Caminar por la vida y Sinfonía de los muertos. De entrada, ¿aceptaría que el primer título suena vital, a cierto Vivaldi, por ejemplo, y que la Sinfonía suena a Música para el funeral de un hermano masón de Mozart?

Luis Antonio Morales Rodríguez: Coincido con eso. Hay un contraste entre vida y muerte, entre canto y clamor. En cuanto a las diferencias formales hay una que es fundamental. Sinfonía de los muertos tiene una estructura más rígida y uniforme en comparación a Caminar por la vida. En Caminar por la vida mi visión era más intimista, más personal, la creación es casi biográfica, el yo poético es el poeta mismo. En Sinfonía de los muertos hubo un intento de exploración menos personal pero sanador y muy significativo para mi vida. El yo poético está situado desde distintas perspectivas; me gusta más pensar en el rol de un dramaturgo que inventa a sus personajes y los hace hablar y actuar según lo creado.
La poesía y la música aunque modernamente parezcan tan disociadas, alguna vez estuvieron fundidas. La poesía, creo, intenta solamente recrear el ritmo de las palabras en un estado espiritual determinado. Por eso, cuando la poesía existe únicamente por la palabra y no por la musicalidad y las imágenes que ella produce es palabra muerta, pregón repetitivo, discurso de merolicos.

JLPO: En 2011, dedicó Caminar por la vida “A ustedes, mi familia, mis amigos. A ti, mi amor”, pero tres años después en Sinfonía no hay dedicatoria. ¿Desaparecieron los motivos para dedicar?

LAMR: Es simplemente que, de alguna manera, nuestra cultura nos dicta que la vida se celebra y se comparte. La muerte, por el contrario, es un hecho mucho más ceremonial, incluso íntimo que solamente se conmemora, se vive, pero nunca se le atribuye esa belleza extraña y casi esquizofrénica que el dolor y la ausencia tienen.

JLPO: Al utilizar, desde el título, el verbo caminar, ¿acepta la cercanía de su compatriota directo Otto René Castillo?

LAMR: Aceptaría la cercanía no solamente de Otto René Castillo sino a una serie de poetas y artistas que han buscado su escape, su evolución, su construcción en el peregrinar, en la dinámica, en el largo camino que implica la vida. El constante movimiento procura inestabilidad, búsqueda, equivocación, acierto, esperanza, castigo y expiación. No hay trascendencia ni poesía verdadera en la estabilidad.

JLPO: En Caminar por la vida, a la hora de los epígrafes, le hicieron compañía Antonio Machado, Dante, Albert Camus, Cavafis, Neruda, Marguerite Yourcenar. En Sinfonía de los muertos están con usted Cavafis (de nuevo), Leopoldo María Panero, Platón, Carolina Escobar Sarti y Camus (otra vez). ¿Qué encuentra en su cercanía?

LAMR: Encuentro luz, camino, palabra, que son tres de los muchos sinónimos para poesía. Siempre al terminar de leer un texto, algo ha cambiado, la palabra nos transforma. Encontrar coincidencias en gente tan ajena a mi contexto, de épocas tan distintas, no puede menos que confirmar que todos los espíritus humanos son el mismo, supeditados a su cultura, su época y su espacio. Que la poesía es la palabra anterior a la creación de la humanidad y que el poeta la hace terrenal.

JLPO: Específicamente en Caminar por la vida, decirle a alguien “Aún no has partido y me tortura la idea de que lo hagas, / ¿quién si no tú, mi cómplice, mi eterno acompañante?” ¿no es abrir demasiados flancos como para que jueguen rayuela con su alma?

LAMR: Exponerse creo que es parte fundamental de escribir; más o menos, no importa pero siempre la creación estética conlleva sinceridad, organicidad, transparencia. Detrás de la poesía hay siempre un ritual que nos desnuda y hace que por unos instantes nos importe menos ser frágiles y vulnerables. La poesía nos permite decir cosas que solo el cinismo, el dolor o el amor nos harían decir a viva voz. Jugar con nuestras almas ya es costumbre, cada verso es un pequeño juego, un acercamiento al abismo, una danza con fuego, un antídoto.

JLPO: La línea que refiere “A los amigos que me olvidaron y a los que olvidé”, ¿remite a la mea culpa que Jaime Bayly distribuyó en las páginas de Los amigos que perdí?

LAMR: Creo que son cosas muy distintas. Bayly habla de otras culpas. Yo culpo a la migración, a la distancia. Movilizarme desde mi lugar natal a la Ciudad de Guatemala para poder estudiar lo que había decidido, conllevó una serie de separaciones, desencantos, olvidos, desentendimientos. La distancia es más que física. Nos distanciamos de muchas ideas, de muchas prácticas cotidianas, y de nuestro contexto. Acabamos por ser extraños y sentir extraños a quienes fueron y construyeron nuestro contexto inmediato.

JLPO: ¿Cuáles son “las palabras que duelen”? ¿Duelen siempre igual?

LAMR: Decía un amigo que siempre hay un dolor que uno no conoce. Todas las palabras de alguna manera duelen como todas sanan. Nos duelen las verdades, las mentiras, las burlas, los insultos y los halagos también. La palabra contiene siempre un poder superior a ella misma: la intención. Las antiguas civilizaciones otorgaban a la palabra un poder rector, supra-humano, cósmico, ordenador; no era mito, era filosofía pura.

JLPO: Concluye usted Caminar por la vida con una especie de proclama: “Que no se entienda esto como despedida o final, / es más bien una postergación a la eternidad: / un canto a la infinidad y a la vida, / una oda a los caminos de la vida.” ¿Qué sucedió? ¿Por qué tanta vida dio paso a Sinfonía de los muertos?

LAMR: Creo que esos contrastes casi contradictorios permiten respiros, exploraciones, búsquedas. Pero es siempre así: para que haya vida, debe haber muerte, para entender una debe existir la otra, incluso para valorarlas. Celebrar la vida es, de alguna manera, celebrar la muerte. No creo que Caminar por la vida haya dado paso a Sinfonía de los muertos; creo que ambos estuvieron siempre ahí. De hecho fueron escritos casi en la misma época.

JLPO: Goya, Reinier y Doré ¿estaban con usted desde hacía años o se encontró con ellos especialmente para ilustrar Sinfonía de los muertos?

LAMR: La música y las artes plásticas, el arte en general, fue mi escondite, mi puerta de salida durante mi niñez. Muchas imágenes, muchas frases musicales se quedaron perdidas en mi memoria y esas referencias son valiosas aunque no indispensables para crear. De alguna manera ponerse límites, y atarse a una estructura, a una imagen permite una exploración profunda que la amplitud nos impide. La estructura de sinfonía no viene sola, dentro de los poemas hay alusiones musicales como el dies irae o el nessum dorma. De cada imagen surge la temática de un movimiento en específico. Atarme a eso me permitió explorar lo que en su momento creí que podrían ser cuatro distintos tipos de muertes.

JLPO: Abre la página 22 de Sinfonía con cuatro líneas que dicen “Eres un vivo que nunca volvió, / ¿estás muerto, / acaso? / Lo estás aunque vuelvas vivo”. ¿Qué pudo suceder como para decirle a alguien esa especie de epitafio irrefutable?

LAMR: En ese caso se hace alusión a esa muerte que solo se presume, a una desaparición corporal. Creo que eso no puede ser muy lejano de este contexto de posguerra y migración que nos tocó vivir. En esas situaciones el dolor, el enojo, la frustración, la ausencia nos hacen decir muchas cosas. Insisto en que la muerte es sobre todo una ausencia, uno acaba por acostumbrarse a ella y aprende a vivir de los recuerdos, de la esperanza. El dolor muchas veces llega a ser rabia, negación, enojo. Y cuántas historias como esta existen cerca de nosotros.

JLPO: Muy generosamente, la página 24 ofrece estas líneas: “Todos después de muertos vivimos en los recuerdos de los / vivos / yo te doy vida”. Entre tanta imbecilidad prostibularia feisbukera, agregada a la suprema sandez de los “mensajitos” y otras idioteces narcisas, ¿no arrasó ya el olvido con todo y con todos, excepto con el ombligo de tantos usuarios falsarios?

LAMR: Quizás sí, pero siempre nos queda la esperanza del recuerdo, de la memoria. Usted no me dejará mentir, crecemos y vivimos en contextos en donde nuestra historia familiar de alguna manera nos construye. El “culto” a los muertos, las visitas a lugares de los que en algún tiempo, casi mítico, salieron abuelas y abuelos, sus historias lejanas en el tiempo son quizás hechos fundamentales en la infancia de muchos como yo que crecimos en ambientes y familias rurales. Siempre hay cosas que nos salvan del olvido aun en medio de la desmemoria.

JLPO: La página 26 nos dice “Qué largo y difícil es el olvido, / solamente es en mis recuerdos en donde vives, / me aferro a ti”. Borges nos dejó dicho, más o menos: La meta es el olvido, yo llegué primero. ¿Qué le dice Borges a usted?

LAMR: El dolor, como la naturaleza humana, es diverso. Algunos prefieren el olvido, yo prefiero el recuerdo. Junto con la memoria nos construyen, nos cuestionan, nos enfrentan a nuestras propias contradicciones, nos hacen tener los pies en la tierra y tener claridad de nuestra historia personal, familiar y social; el olvido no es un camino para mí. De pronto y el olvido a algunos los hace evitar destruirse.

JLPO: En el “Segundo movimiento” cita usted a Platón. ¿Cómo pudo invocarlo, si lo menos que pidió Platón para los poetas como usted fue su inmediata expulsión de la República?

LAMR: Y expulsa a los poetas por mentirosos según su propia visión. Y eso es lo que hacemos, mentir, endulzar la verdad o mostrarla tan cruda como es. Por revoltosos, también. Es nuestra habitación el mundo de las ideas, ese de Platón. Son, en todo caso, las ideas las que pueden modificar el mundo material; cuando escribimos nos rebelamos y quizás nada cambia del mundo material pero algo se gesta en la interioridad del lector.
Además, Platón tiene una de las pocas referencias en el mundo antiguo en relación al canto del cisne. Un mito que me parece hermoso, poético, musical, lleno de imágenes…

JLPO: El “Tercer movimiento” de su Sinfonía de los muertos fue escrito “A la memoria de las niñas y niños muertos de hambre en el mundo”. ¿Acepta en esta mención la cercanía renovada de Pablo Neruda, Otto René Castillo, Mario Benedetti y Juan Gelman?

LAMR: Claro, y tantos otros. El arte en general tiene siempre una carga social y política aunque muchos la nieguen; incluso esa negación llega a serlo. El problema es que siempre tiende a catalogarse en una cierta corriente, cuando está presente en toda la literatura de manera intrínseca.
Las transformaciones sociales nunca llegan por la literatura; la creación estética es ideal y subjetiva, lo social es material y objetivo. La creación debe siempre superar al panfleto. Primero porque el panfleto es más efectivo y segundo porque como manifestación estética su función debe aspirar a la trascendencia y no a la inmediatez.

JLPO: Al escribir en la página 35 “No hubo rezos que lo impidieran, / ni santos que bajaran de su altar para ayudarnos, / no hubo ruego, / ni piedad, / ni siquiera la asquerosa caridad hipócrita.”, ¿alude a los merolicos de las megapacas espirituales y al oenegerío que se ha multiplicado como cepas malignas?

LAMR: Y fueron sus palabras puestas en mi boca las que lo aclaran. En Guatemala hay tanta moral, que hasta la hay doble. Es curioso que el pensamiento religioso imperante, tan “bondadoso”, “lleno de amor al prójimo”, “caritativo”, sea incapaz de analizar su propio contexto, de identificarse con el dolor de su prójimo y sí es capaz de minimizar o criminalizar cualquier palabra o acción que esté dispuesta a transformar estructuralmente este contexto desigual y excluyente.

JLPO: Al preguntarse “¿Qué dios cruel permitió tu muerte?”, ¿se agrega a la rebelión solitaria y derrotada de Elias Canetti ante la muerte?

LAMR: Sí y no. La muerte es absolutamente necesaria, natural. Claro que en el contexto de “El ángel de la muerte”, la muerte es pobreza, miseria, inocencia. Esa muerte es incomprensible, irracional, inhumana, inmoral, antinatural. Canetti asegura que desea dedicar su vida a buscar la inmortalidad para los humanos. Quizás hace falta solamente hacer que no ocurran las muertes injustas, inmorales, irracionales, violentas.

JLPO: Si “la muerte es el final de todo”, entonces ¿se vale todo?

LAMR: A mí me parece igualmente inmoral actuar mal que actuar bien solamente por la esperanza de una recompensa en la muerte. Aun y cuando “bien” y “mal” sean conceptos muy cuestionables, ambiguos y confusos.

JLPO: ¿Debilita el tiempo a los cuerpos, pero “hace cada vez más sólidas” a las almas?

LAMR: De pronto y fuera del poemario suena extraño. En aquel contexto dicho por un hombre que le habla a su madre muerta y cuenta parte de su historia, funciona. Pero pienso también que vejez no es sinónimo de sabiduría; ni juventud de arrebato. Ya ve que muchos de los que destruyeron o intentaron destruir este país durante la guerra ahora son ancianos y nada de solidez hay en sus almas, dureza quizás sí.

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El capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty

Para escribir este libro, Thomas Piketty se documentó envidiablemente y trabajó las series estadísticas sobre el ingreso con un rigor académico que de por sí ya lo vuelve un candidato al Nobel en los próximos años.

Además de la solidez metodológica, el autor hace énfasis en la literatura decimonónica, citando a Jane Austen y a Honoré de Balzac para contextualizar las inmensas desigualdades que se observaban en esa época.

Después de un Veranillo de San Martín (que abarcó buena parte del siglo XX a partir del shock de las Guerras Mundiales), la distribución mundial de la riqueza, tanto capital como ingreso, está llegando a los alarmantes niveles en los que se encontraba a finales del siglo XIX. En ese entonces, el 90% de los activos pertenecía al 10% de las personas. Si esta burbuja sigue creciendo, las consecuencias pueden ser nefastas.

Otros fenómenos como las estratosféricas remuneraciones a los dirigentes de las empresas, que difícilmente se justifican por su contribución marginal al proceso productivo, contribuyen al incremento de la brecha.

Pero quizás el principal problema, y la tesis central del libro, es que el rendimiento del capital (r) crece más rápido que la producción (g), lo que le da una masiva ventaja a quienes heredan patrimonios y no tienen que “empezar de cero”. Entre otras consideraciones, Piketty sugiere un impuesto progresivo al capital y un elevado impuesto a la herencia para corregir estas imperfecciones.

En resumen, el trabajo de Piketty deja mucha tela que cortar y abre posibilidades para retomar el debate de la desigualdad y desmitificar que éste sea un problema de economistas, sociólogos e historiadores, pues es un problema que nos afecta a todos. A muchas personas puede que no les guste mucho este libro por una simple razón: dice la verdad y la verdad es incómoda. O inconveniente.

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Entrevista con el Dr. Juan José Guerrero, ganador de los Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango, sección novela, 2014

por José Luis Perdomo Orellana.

Sin tener amigos ni compinches en el jurado (avecindado en San José, Costa Rica), Juan José Guerrero ganó por unanimidad los Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango con La noche del escarabajo, una novela memorable que si se abre en una camioneta Álamo a la altura de la inmunda calzada Roosevelt muy bien puede concluirse al ir llegando a esa otra inmundicia que es la ruta Interamericana a la altura de “Chimal” (como dicen haraganamente cientos de miles de mutiladores de palabras desperdigados en los cuatro o en los cinco mil puntos cardinales).

Además de español, Juan José Guerrero habla y escribe en q’eqchi’, latín, portugués e inglés. Es maestro de Educación Primaria Urbana; médico y cirujano por la Universidad de San Carlos de Guatemala, en cuya Facultad de Ciencias Médicas se graduó con la tesis (también premiada y obra de referencia) Síndrome de Aspiración de Meconio. Estudio Prospectivo en el Hospital Regional de Cobán; tiene estudios de postgrado en la Universidad Católica de Río de Janeiro y una maestría en Docencia Universitaria en la Facultad de Humanidades de la USAC. Continue reading

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Desaparecida por 34 años

En 1980, la periodista Irma Flaquer fue la columnista más leída en Guatemala. El 16 de  octubre de ese año, se unió a la espantosa lista de desaparecidos de la dictadura militar.

Desaparecida. Una periodista silenciada, la historia de Irma Flaquer, de June Carolyn Erlick nos recuerda el valor de Irma como periodista y como persona, y el enorme peso de la violenta censura que sufrió.

Hoy estamos a 34 años de su desaparición y hemos pedido a algunas de sus familiares y amigas que nos ayuden a recordar también que Irma fue eso mismo para muchas personas: una amiga, una confidente, un hermana, una tía. Los textos que siguen son un recordatorio de la dimensión cercana de Irma Flaquer.

Agradecemos también a Isabel Ruano que comparta con nosotros y con ustedes la canción que compuso en memoria de Irma: Hechicera Miel

El siguiente texto fue escrito por Anabella Flaquer, hermana menor de Irma:

Recuerdo la llamada de mi prima, Tití, dándome la noticia de la desaparición de mi hermana y la muerte de mi sobrino, Fernando. Finalmente recibí la noticia que tanto temía, porque cada vez que me llamaban, al escuchar el clic indicando larga distancia, temblaba de miedo, me costaba aparentar calma, contestar a sus saludos cariñosos era un tormento. Mis nervios se calmaban. Al darme cuenta que la llamada era para saber de mi hija, Ana Victoria Teresa, y de mi persona.

Explicar mi dolor es imposible, al perderla, perdí a mi consejera, mi amiga, la persona con quien podía hablar sabiendo que me escucharía sin críticas, con ese interés que ponía cuando escuchaba las tristes historias de tantos guatemaltecos.

En una foto, ella de rodillas escuchaba el testimonio de un herido en silla de ruedas, su rostro levantado hacia él, sus ojos brillantes fijos en él.

Mi hermana me explicaba que su razón para seguir exponiéndose con sus escritos, era su amor por Guatemala.

Su columna “Lo Que Los Otros Callan” era su arma, en ella clamaba por compasión para el pueblo que sufría calladamente. Sabía que Guatemala podía ser un país feliz, y próspero si solo los gobernantes ayudaran y ella señalaba en su columna sus abusos. Si solo la dejaran ayudar en lugar de matarla, si solo tuvieran compasión y me dejaran enterrarla.

Guatemala perdió a una mujer valiente, con una visión poco común. Siendo tan delicada y muy femenina.

Sufrió dos atentados para callarla. Lo que lograron fue hacerla más decidida a luchar con su columna, su arma de fuego.

June Erlick, Directora de Revista de Harvard Review de las Américas escribió un libro tanto en inglés como en español acerca de la vida de mi hermana, dedicó muchos meses en Guatemala, leyendo sus artículos, también entrevistó a muchas personas, tanto en Guatemala como en Nicaragua y en México.

Le agradezco su intenso trabajo.

Mil gracias a la Sociedad InterAmericana de Prensa (SIP), especialmente a Ricardo Trotti.

Anabella Flaquer

El siguiente texto fue escrito por Irma Chavarría Azurdia (Mimí, la prima de Irma que vivió con ella de pequeña):

IRMA FLAQUER,
HERMANA, PRIMA, MUJER Y PERIODISTA

 Recuerdo como si fuera ayer, Irma sentada en la habitación leyendo, yo arreglando su ropa en el ropero blanco. La ropa  olía a perfume y me gustaba mucho arreglarla. Al terminar le pintaba las uñas largas y muy bien cuidadas. Yo tendría 11 ó 12 años y disfrutaba mucho estar con ella, especialmente los fines de semana. Cuando platicábamos, escuchábamos música clásica y me contaba sobre lo que estaba pasando en Guatemala. Me enseñaba fotos de sus viajes y me decía cuánto daño y cuánta tristeza puede haber cuando se tienen diferentes puntos de vista y cuando un gobierno es militar y la represión que puede ejercer.  Recuerdo a Irma como una hermana mayor hermosa y elegante que admiraba y anhelaba ser como ella.

Pasó el tiempo y continuábamos viviendo juntas. Ella ya no estaba mucho en casa,  yo iba al colegio y ya tenía un novio. Sin embargo, la veía preocupada a pesar que estaba trabajando con le esposa del Presidente. Me sentí muy triste cuando estalló la bomba en su carro. Yo pensé que se iba a morir. Recuerdo bien cuando la vi después del atentado. Ella estaba muy mal, por fuera y por dentro. En ese tiempo ya no platicábamos mucho, Irma estaba mucho tiempo afuera de la casa. Recuerdo a mi prima inteligente y capaz de hacer lo que se proponía.

Por ese tiempo, asesinaron a un primo muy querido, murió una tía que las dos queríamos mucho y también murió nuestra abuela. Nos cambiamos de casa e Irma también se fue con nosotros. Luego  me casé y me fui de la casa a formar mi familia. La veía con menos frecuencia, a pesar de que estaba pendiente de ella. Me daba temor que le fuera a pasar algo malo porque ella seguía escribiendo. Recuerdo a Irma como una mujer valiente y aguerrida.

Hay tan pocas personas que entregan la vida por su pasión. Irma lo hizo. Entregó lo que poseía, lo que sabía y en lo que creía. Todo por considerar que vale la pena luchar por los derechos de los demás, de aquellos que, teniendo voz, no son escuchados y que ella, siendo periodista, podría ser su voz y escribía a gritos, LO QUE OTROS CALLABAN. Recuerdo a Irma como una periodista de corazón que entregó su vida por los que no podían hablar.

Irma Chavarría Azurdia (Mimi)

 

 

 

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Ana Fortuny: Caricias para Beatriz y otros relatos

UN LIBRO EXCEPCIONAL de una autora igualmente excepcional fue presentado el último martes de agosto del 2014, en Sophos. Ana Fortuny es el nombre de la autora. Los nombres de los presentadores son Carlos Arturo y Jorge Estuardo; Molina Loza, los apellidos de ambos. Si usted aún no sabe el título del libro, tenga la seguridad de que está por enterarse y de que le dará gracias a la vida por tal encuentro, las respuestas que vienen en camino son también excepcionales.

José Luis Perdomo Orellana

(afuera de los relatos, empezando en la portada, continuando en la contraportada, pasando por las solapas y llegando a los títulos y las dedicatorias)

José Luis Perdomo Orellana: La ilustración que aparece entre su nombre y el título del libro, además de ser suya, ¿es una ranita o un dragón? En cualquier caso, ¿es un adelanto del cariño hacia los animalitos (hipopótamos, gacelas, jaguares, pelícanos, peces, gallinas, una perra labrador, tortugas, vacas, pollos) que se extiende en muchas de las páginas interiores?

Ana Fortuny: Es una rana. Debería ser un «príncipe sapo». Ésa era la idea original.  Hace unos meses le pregunté a un amigo que pinta cosas muy bellas si podía hacerme una ilustración y me dijo que sí.  Le envié el cuento que da título al libro y le pedí que pintara un sapo dentro de un estanque mientras era observado por una mujer.  Por cuestiones ajenas a su voluntad no estuvo listo a tiempo. Tengo cierta obsesión por los anfibios y acababa de dibujar esa rana, así que la usé como «plan B» porque debía enviar pronto la portada al editor, si quería que el libro estuviera listo para el 10 de julio, el día del cumpleaños de mi padre.

En cuanto a la segunda pregunta, no sé si sea un adelanto, pero desde pequeña me sentí atraída por los animales de todo tipo. Tuve suerte de que mis padres y abuelos toleraran mi inclinación por la fauna. Los únicos que no fueron bienvenidos fueron una cabra y una tarántula. Siempre tuve varias mascotas en casa. Ahora eso ha cambiado, sólo tengo un guppy.

JLPO: ¿Por qué la portada avisa “…y otros relatos”? El aviso podría ser “…y otros cuentos”, ¿o no? ¿Encuentra diferencias entre aquéllos y éstos? (Por favor, responda “en cristiano” y no con la típica jerga que blofean los “iluminados” desde el primer día de clases para aterrorizar a las heroicas y heroicos alumnos que aún tienen la temeraria osadía de estudiar Letras).

AF: Tuve ese dilema: Caricias para Beatriz y otros cuentos o Caricias para Beatriz y otros relatos.  En ambos casos no me libraba de la última sílaba. Lo mejor hubiera sido dejarlo sólo en Caricias para Beatriz, pero de alguna forma tenía que anunciarle al lector que era un libro de cuentos.  Me pareció que la palabra relatos era más general ya que todos los cuentos son relatos, pero no todos los relatos son cuentos. Preguntaremos su opinión a los “iluminados”.

JLPO: Debajo de su foto está el dato de que usted nació en 1965. ¿Por qué hay autoras —no se diga autores— que prefieren obviar esa fecha e incluso tienen la manía infantiloide de incluir retratos de su primera comunión?

AF: No sé qué contestarían esos autores o autoras. En lo personal, quería poner la foto del perfil de mi correo de Hotmail que me tomó Andrea Pellecer en el 2008.  En ésa tenía mil arrugas menos, pero cuando le pregunté a ella, me dijo que ni lo pensara, que me tomaría una foto con su nueva cámara, porque era yo, la de ahora, la que había escrito el libro y no la que aparecía en la imagen antigua. Así que no llegué hasta la primera comunión, pero sí tuve la intención de retroceder algunos años.

JLPO: Usted es bióloga por la heroica Universidad de San Carlos de Guatemala, pero estudió Literatura Hispanoamericana en la Universidad Rafael Landívar. Con estos rasgos académicos, ¿quiso seguir las sinuosas rutas científico-literarias del maestro argentino Ernesto Sabato (hoy tan olvidado como tantos otros autores esenciales)?

AF: No, yo sólo reuní los cuentos que he escrito en un libro que obsequié a mi padre, eso es todo.

Sabato, ¿olvidado? No lo creo.  Cuando hablo con otras personas sobre libros y autores latinoamericanos esenciales, él siempre está presente en la lista.

JLPO: Increíblemente (increíble porque muchos reniegan desde el principio o más tarde de todo esto), usted divulga en la solapa izquierda que asistió a los talleres de escritura creativa de la maestra Gloria Hernández y de los maestros Marco Antonio Flores, Mario Roberto Morales y Luis Aceituno. ¿Qué aprendió y qué desaprendió en dichos talleres?

AF: Aprendí que para escribir un cuento de una página, hay que leer antes cientos de libros.

En los talleres inicias un proceso lento que poco a poco te permite anular la autocensura. Aprendí a crear atmósferas, a no depender de la «aprobación» o «desaprobación» del tallerista sino a desarrollar la autocrítica. Aprendí sobre la influencia que tiene la literatura en el cine, una influencia en doble vía.

Aún me falta mucho aprendizaje en cuanto a la caracterización de los personajes, pero no desisto. Como tú conoces bien a los tres, y conociste también al segundo, sabrás qué fue lo que aprendí con cada uno.

¿Desaprender?  Tal vez la obediencia.  En los primeros talleres, cuando nos dejaban de tarea escribir sobre un tema en particular, casi todos éramos obedientes y lo hacíamos.  Poco a poco nos dimos cuenta de que no teníamos por qué hacerlo.  Buscábamos nuestro propio tema, lo que saliera de nuestra cabeza esa noche o esa madrugada: un sueño, un episodio colérico, la muerte de nuestro perro… ninguno tenía relación con el tema sugerido, y ésos eran los mejores cuentos.

JLPO: ¿Qué es eso de formar “parte del grupo Los del quinto, que conduce Raúl de la Horra? ¿Tiene algo que ver con esa promesa etílica (siempre incumplida) que reza “La última y nos vamos” o con ese dudoso consuelo de que “No hay quinto malo”?

AF: Es algo más simple: Nos reunimos en el quinto piso de un edificio.  En algún momento, a alguien se le ocurrió que Los del quinto era una forma de identificar al grupo, y así se quedó, pero que no te extrañe que dentro de Los del quinto surjan nuevos grupos, es una costumbre del ser humano nombrar y categorizar.

JLPO: ¿Podría traducirnos esa “adicción” que confiesa en relación con participar en “los clubes de lectura de la librería Sophos”?

AF: He tenido la oportunidad de participar en los clubes de lectura de Sophos desde que surgieron en la tienda de la Avenida de la Reforma. Me inscribí en el primero y no los he dejado desde entonces. Es algo similar a esos fumadores que encienden un cigarrillo con la colilla del anterior. Termina un club y luego viene otro.  Sophos ha organizado clubes de lectura de ciencia ficción, de historia, de psicología, de espiritualidad, de literatura del este de Europa, de ciencia, de literatura guatemalteca o de autores en particular. Es una lista larga que por espacio acorto.

Empecé a leer «en serio» a los 37 años. Antes de eso, leía un par de libros al año.  A los 37 ya es tarde, muy tarde, me hubiera gustado empezar antes de los 15. En los clubes encontré un lugar de discusión.  Se discute un libro por mes y las opiniones son muy diversas porque provienen de personas que se dedican a distintas actividades, ahí encuentras gente dedicada al estudio de las letras, a la arquitectura, a la medicina, amas de casa, jóvenes estudiantes, físicos, abogados, antropólogos, etc. Imagínate todo lo que se puede discutir y aprender, no sólo al leer el libro sino al escuchar la crítica.

JLPO: Dedica usted su libro (174 pp.) “A mi padre, quien me enseñó las primeras letras”, y el apocalíptico relato “Mujer en silencio” (alrededor de 4 pp. y media) “A mi madre”. ¿Cómo estuvo eso?

AF: Voy a dejar que tú elijas la respuesta, como en esos exámenes de selección múltiple que seguramente no son de tu agrado.

a)     el próximo libro estará dedicado a mi madre
b)    en algunos casos, no en todos, hay una debilidad o mejor dicho, preferencia, de las madres por los hijos y de los padres por las hijas que con el tiempo se da en doble vía. Es algo que se va construyendo poco a poco, casi imperceptiblemente. Con el tiempo, las hijas se desviven por su padre y los hijos por su madre.
c)     existen vínculos más estrechos que se forman entre los contrarios, que de repente tienen su origen a nivel atómico. ¿Recuerdas de tus clases de ciencias, aquella frase que dice: «polos opuestos se atraen; polos iguales se repelen»?
d)    b y c son correctas
e)     Ninguna es correcta

JLPO: El primer epígrafe que incluye en su libro es del maestro Carlos Humberto López Barrios y dice “Los libros se hacen con luz”. ¿Hacia dónde apunta esa luz en las tinieblas que se multiplican en todas las horas guatemaltecas?

AF: Carlos López inicia con esta frase Pasión por el libro. Todas sus páginas iluminan.  Hacia eso conduce la luz, a salir de la oscuridad, a conocer la verdad, a indagar, a crear.  En la página 34 de este libro aparece una cita de José Martí (que puede apuntar hacia las tinieblas centroamericanas): «Los libros sirven para cerrar las heridas que las armas abren».

JLPO: La segunda dedicatoria indica “A Santiago Sanz Benito… por los puntos y las comas”. ¿Quisiera compartir los motivos que hay en esas dos líneas?

AF: Santiago Sanz Benito fue un excelente profesor del colegio Alemán que tuve la dicha de conocer cuando entré a la secundaria. En primaria nos dieron las bases de gramática y ortografía, pero fue con él con quien las pusimos en práctica constantemente.  Era de baja estatura y de pocas palabras, pero tenía una gran autoridad en la clase. Su método era infalible: «Escriban una redacción sobre…», nos decía.  Teníamos treinta minutos para escribirla y luego otros cuantos para corregirla.  Él se tomaba muy en serio cada relato. Se los llevaba a casa y corregía (en rojo) hasta el último punto y la última coma. Al otro día nos llamaba al frente, a su mesa, para explicarnos por qué había que corregir aquella palabra o aquella construcción gramatical, mientras los demás leíamos algún fragmento de un libro que nos recomendaba. Algunos no se sentían muy cómodos en sus clases; otros, las amábamos. Generalmente, los primeros preferían la clase de mate, y los segundos deseábamos que terminara al nomás entrar, para volver con el profesor Sanz Benito.

JLPO: De los 34 relatos, por lo menos 19 están dedicados. Que nos perdonen los brillantísimos y sesudos entrevistadores que no se detienen en estas cuestiones: ¿por qué hay textos que se dedican y otros que no? (Sabato, por cierto, dedicó la primera edición de El escritor y sus fantasmas “A mi madre”, dedicatoria que eliminó en las demás ediciones que tuvo este libro y jamás explicó el motivo).

AF: Ya me la pusiste difícil. A veces un cuento te recuerda a alguien. Tal vez quieres compartirlo con una persona. O puede ser que alguien te dio la idea para un cuento. Por ejemplo, mi compañero del colegio, Kurt Meyer, se tiró en paracaídas del puente del Incienso.  Un día, en una reunión de la promoción, nos contó su hazaña y la emoción que sintió al lanzarse al vacío.  Luego dijo (no recuerdo exactamente sus palabras, pero ésta era la idea) que no sabía por qué la gente se suicidaba tirándose del puente, que en lugar de eso deberían practicar aquel deporte.  La idea me dio vueltas en la cabeza durante varios días, mientras las mujeres seguían suicidándose. Una de ellas se tiró con un recién nacido en brazos.  El cuento fue una respuesta para aclarar la duda de Kurt.

Otros cuentos no necesitan dedicatoria, ésta llegará a su destino sin necesidad de un nombre.

En cuanto a Sábato, ¿viste?  De nuevo esa opción de los contrarios. ¿Por qué no se la dedicó a su padre? ¿Por qué precisamente a su madre? Deberías hacer números (con los libros de tu biblioteca, por ejemplo) y ver cuántas dedicatorias «cruzadas» encuentras.

(adentro de los relatos…)

JLPO: Las dos líneas finales de “Anulada” dicen: “El místico se le acercó al oído y susurró la única respuesta posible. Entonces ella comprendió.” ¿Nos puede decir cuál fue esa respuesta y qué comprendió ella… o tendremos que esperar a que publique su segundo libro?

AF: Dejé ese final abierto para que el lector encuentre su propia respuesta.

Pero, si en este momento, Verónica hiciera de nuevo la pregunta al maestro Yoda, él le contestaría: «¡No seas mula! Si Daniel te desprecia, ¡simplemente anúlalo!». Eso es lo que ella ha hecho últimamente.

JLPO: La primera línea de “La mirada” dice “El sol salió a las 5:30. Los primeros rayos lo despertaron”. Las letras mundiales llevan siglos, en prosa y en poesía, refiriéndose a “los rayos del sol”. ¿Llegará el siglo en que la Humanidad se libere de esa frase hecha?

AF: No creo que nos liberemos de esa frase, recuerda el capítulo 1 del Génesis, lo que pasó en el primer día. Aunque, si nos descuidamos, y la contaminación atmosférica llega a un grado máximo… ¿qué podría despertarnos en lugar de los rayos del sol? Philip K. Dick nos daría algunas pistas.

JLPO: “Besos” concluye en dos líneas que aseguran: “Si no es una Marie, es un Pierre quien no quiere dar besos.” ¿Salen esas líneas de la luminosa frase que el creador húngaro Stephen Vizinczey dijo en algún lado (“Los seres humanos son geniales para causarse desdicha”)?

AF: Es lo que observas a tu alrededor. Dime si no es cierto, hay una gran cantidad de deseos insatisfechos. Llamemos A, B, C… a distintas personas y utilicemos una flecha para ejemplificar la atracción (puedes llamarle enamoramiento si lo deseas) que sienten por otra persona. Muy a menudo encuentras esto:

A -> B; B -> C; C -> D…

En cristiano: A está enamorado de B, pero B sólo tiene ojos para C y C está enloquecido por D. Muy pocas veces encuentras A <- -> B, y cuando lo encuentras, te das cuenta de que es fugaz. Si es duradero, hay que celebrarlo por los siglos de los siglos.

De eso habla el cuento, de Pierre que desea estar con Marie, pero a ella no le interesa Pierre… Yo lo veo en los acuarios que hay en zoológico, en los restaurantes de comida china…

JLPO: En “La caja de música” menciona usted la luz de un “quinqué”. Ahora que las (de)generaciones que usamos quinqués estamos casi extintas, pensando en las nuevas (de)generaciones que sólo conocen las “actualizaciones” del inmundo prostibulario feisbuk, ¿no sintió la necesidad de agregar al final un glosario de “objetos caídos en desuso o en el olvido total” en beneficio de las hordas feisbukeras que siguen multiplicándose como letal E. coli en chilangos tianguis domingueros?

AF: No sentí esa necesidad porque las nuevas generaciones tienen a la mano (en sus celulares) decenas de diccionarios y de seguro ahí pueden encontrar las viejas palabras.  Si quieren ver la imagen, también les aparece. Lo triste es que ya es muy difícil que ellos puedan encender uno y vean a los ojos a otra persona a la luz de un quinqué, eso tenía su magia, ¿a poco no?

JLPO: En “Calzada de la Paz” y en “Secuencia” describe usted dos plagas nacionales cotidianas, demenciales, ominosas y vergonzantes: las cepas malignas que todo el tiempo andan “armadas hasta los dientes” y las “ratas de dos patas” (para usar la precisa definición de Doña Paquita La del Barrio) que van por ahí orinando todos los postes, esquinas o lo que se les ponga enfrente. ¿Hay algún antídoto a la vista para neutralizar esas dos vocaciones nacionales, o lo que queda de este proyecto de nación que se quedó en proyecto será primero engullido por un hoyo negro o hundido por los terremotos que faltan?

AF: No hay antídoto a la vista, cada día aumentan esas plagas. Más, la primera. Y como hoy amanecí pesimista, te diré que sí, será tragado por los agujeros negros o cubierto por las cenizas del Pacaya.

JLPO: Tanto en “La secuencia” (p. 61) como en “El nuevo cine” (p. 101) cede usted a la tentación de llamarle “Centro Histórico, plaza central” a esa bacinica pestilente que en otros tiempos fue conocida como lo que sigue siendo: un parque central deteriorado y en pleno abandono, pese a la proximidad del hoy llamado Palacio Nacional de la Cultura y de la Catedral. En “Despedida” (p. 85) describe usted “un nuevo y maravilloso nano chip”. ¿En dónde les insertaron un nano chip a los guatemaltecos para que confundan los centros históricos con las bacinicas?

AF: Si te refieres al lugar, te diría que en el cielo, antes de que los traiga «la cigüeña». Si te refieres a la parte anatómica, en el lóbulo parietal.

JLPO: En “Mensaje para Yonny” hay pet-shopssex-shopscandy-shopswine-shopsbeauty-shopsflower-shops e incluso dead-shops. Disculpe la necia insistencia: ¿no son los talleres literarios algo así como una word-shop en la cual el Abarrotero Mayor vampiriza la creatividad de quienes hasta pagan para que los vampiricen? ¿Alguna vez imaginó a Beethoven participando en esas convenciones de sudor pestilente a las que llaman inocuamente “maratones”? ¿Alguna vez imaginó a Dorothy Parker o a Doris Lessing inscribiéndose en uno de tales talleres?

AF: Depende de ti, si quieres y dejas que te vampiricen. Fui a unos talleres alguna vez en los que el rollo era ése. Pero ya no me aparecí en la segunda sesión.

No imagino a Beethoven en ésas, pero tal vez habría vivido más tiempo, si hubiera sido un atleta. Con diez años más de vida, ¿cuántas sinfonías hubiera podido escribir?  Nunca he participado en una maratón, ni siquiera en una media maratón, pero admiro a las personas que lo hacen, son muy disciplinadas. Yo debo conformarme con la San Silvestre. La emoción es tal, que no le pones atención al sudor de los otros competidores ni ellos se fijan en el tuyo.  Todos se dirigen a la misma meta y cuando la cruzan hay un vínculo invisible, una especie de hermandad que no pueden sentir los que no participan. Y qué bueno que no me preguntaste por los nadadores –intuyo tu opinión sobre el líquido en el cual se desplazan–, pero te aseguro que es la maravilla sentirse pez, como maravilloso es rodar por el asfalto y sentir el viento en la cara cuando bajas a sesenta kilómetros por hora en una pendiente, la adrenalina te embriaga mejor que el vodka.

¿Por qué conformarte sólo con la música o la pintura? ¿O sólo con los libros?, cuando puedes leer, cantar, pintar, escribir, correr, nadar… ¿Vas a dejar que se te escapen todas esas posibilidades? Y no me refiero a que seas un experto en cada una, pero al menos puedes experimentarlas alguna vez.

JLPO: ¿Se puede pintar “la duda, la búsqueda de una respuesta” (como se propone en “No me veas por favor”)?

AF: Van Gogh lo hizo alguna vez, y también Modigliani.

JLPO: En Caricias para Beatriz y otros relatos hay palabras muy guatemaltecas como “boquitas” (p. 68), “chencas” (p. 69), “champas” (p. 80), “penqueadas, chucho” (p. 81) y “morra” (p. 140), entre otras. Pero en las páginas 40 y 41 se dice: “La reconoció a lo lejos y sacó la cabeza por la ventana del coche”. ¿Cuáles otras expresiones mexicanas se le han “pegado” en sus viajes al Distrito Federal?

AF: Generalmente escribo «coche» cuando necesito un sinónimo de «carro», para no repetir esta última palabra. Pero en las páginas que tú mencionas no me refiero a «carro» sino al carruaje tirado por caballos de la época en la que se sitúa, en parte, ese relato.

Hay tres expresiones mexicanas que repito a veces sin querer: «Pos ni modo…», «Jijos…» y  «Ya la regué…».  Veo que a ti se te ha pegado «tianguis».

JLPO: La última y nos vamos: ¿cuánto tiempo debe dedicársele a las páginas en blanco para que un libro salga tan pulido?

AF: Al principio creía que escribir un cuento era lo más difícil, pero estaba equivocada; lo más complicado es corregirlo y pulirlo. Te tardas un montón en  «los acabados», como en las casas.  No puedo darte un dato certero, inviertes muchas noches y madrugadas. Y a eso tenemos que sumar el tiempo de los editores, Carlos Arturo y Jorge Estuardo Molina Loza, los «jardineros» que eliminaron las «malezas» de mis cuentos.

 

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Crecer a golpes, de Diego Fonseca

Trece crónicas y ensayos de alta calidad. Un viaje por América Latina en cuestión de un fin de semana.

Pareciera, y a lo mejor es cierto, que todas estas historias terminan siendo la misma.
La América de la segunda mitad del siglo XX dejó cicatrices que todavía están abiertas. El problema, es que no ha habido justicia y es fundamental que haya justicia para que haya perdón. Y si no hay reconcilación, no se puede avanzar.
Esto aplica para Chile, Argentina, El Salvador y Guatemala; donde las dictaduras militares se despacharon a su antojo, produciendo un impacto social incalculable.
En pleno siglo XXI, hay quienes agradecen estas acciones por “habernos salvado del comunismo”.

Hablando de comunismo, la mejor crónica resulta ser la de Cuba, donde Leonardo Padura habla de esa generación perdida que se mató a sí misma por seguir órdenes sin cuestionarlas. Algo así como los ejércitos en las dictaduras continentales.
A la hora de la hora, la muerte no tiene ideología.

En resumen, nuestra América es tan apasionante como dolorosa.
Pero hay que seguir creyendo…

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