David Unger: Muchas cosas suceden en Guatemala a escondidas, lejos de la luz y de la claridad

El Maestro de maestros David Unger está de nuevo en Sophos. Luego de habernos purificado las vías respiratorias con el oxígeno que emanan los cuentos agrupados en Ni chicha, ni limonada (¿qué espera F&G editores para reimprimirlosUnger 1?), más allá de avisarnos que Vivir en el maldito trópico transfiere daños irreversibles y que El precio de la fuga deja secuelas que tardan más de una reencarnación en sanar, hoy Unger camina otra vez entre los libros de Sophos custodiados por la esperanza, se detiene, ve (como siempre) de frente a sus cada vez más numerosos lectores y les presenta las trepidaciones vertiginosas que lacró en cada línea de El manipulador, su nueva novela impresa en México por Planeta.

—JL Perdomo Orellana

 “Tú, él, nosotros et al.” manipulan. ¿Hay una “sola alma de Dios” que no lo haga?  Thomas Bernhard llegó al extremo de apuntar que incluso los recién nacidos lloran por cálculo…

Una cosa es que las lágrimas broten de los ojos por naturaleza, por el puro dolor, y otra que los artistas te lleven a cierto sentimiento por la manipulación de colores, palabras y sonidos. Creo que las artes conducen a sus apreciadores a un determinado lugar que a fin de cuentas es solamente una, y no la única, conclusión.

¿Es Dios el “Gran Manipulador” o los manipuladores de antología son sus autoproclamados “apóstoles” erigidos en gerentes generales de “exitosas” megapacas espirituales?

Dios, si existió, dejó de preocuparse de nosotros hace milenios—nos dejó todas las piezas para construir nuestro mundo y a pesar de muchas notables excepciones, lo hemos saturado de detritus. En cuanto a “los manipuladores de antología”, basta decir que el papel aguanta todo y a fin de cuentas terminaremos todos hechos polvo, gracias a Dios.

Con premios (trucados) o sin premios, con y sin agente literario, ¿quiénes manipulan “más”?: ¿los autores, los editores “tiburoneros”, los libreros que se prestan a la jugarreta de ofrecer novedades precocidas?

Todos somos culpables. El mundo editorial es un negocio y todos jugamos nuestro papel siniestro. Sin embargo, creo que salen a flote muchas obras buenas que nos pueden entretener al mismo tiempo que nos dan la oportunidad de apartar la cortina y ver algo nuevo, por primera vez. Lo que no vale es el engaño y desafortunadamente hay mucho de eso en las llamadas “letras”.

¿Son los lectores los “grandes manipulados”?

Indudablemente. Siendo lector, a mí también me manipulan. Yo prefiero las obras que me llevan de la mano hasta cierto punto y después me sueltan para llegar a un punto más allá de la realidad. Las mejores obras nos ofrecen, como he dicho, opciones y no conclusiones. Creo que los lectores que buscan El manipulador para entender el “Caso Rosenberg” a lo mejor se van a decepcionar. Ésa puede ser la razón por la que el público prefiere leer Un libanés de San Marcos en vez de leer mi novela —esta llamada biografía “best seller” sólo confirma que los lectores prefieren leer una fantasía mal escrita a una novela, si me lo permites, que trata de profundizar las cosas.

¿Lo manipuló alguien o algo a usted para ponerse a escribir El manipulador?

Varios amigos me dijeron que no debería tocar el tema del Caso Rosenberg dado que Rodrigo les daba asco y porque era un caso en el que “la realidad superaba a la ficción.” Ningún escritor puede aceptar ese consejo y lo tomé como un reto. Yo quería tejer una novela que arrancara de la grabación que hizo Rodrigo, pero que no tiene nada qué ver con su vida y los personajes que lo rodeaban: Marjorie y Khalil Musa Musa, las varias esposas e hijos del mismo Rodrigo.

En efecto, ¿no era “demasiado arriesgado” tratar un tema trágico del que pronto hubo por lo menos un libro y el anuncio de una película?

Ya me conoces bien, José Luis, y sabes que los “riesgos” me valen un comino. Los temas escogen al escritor y no viceversa. Existen escritores (miedosos) que escriben la misma historia en cada libro y otros que escriben lo que la conciencia o la inspiración los obliga a escribir—estoy pensando en Phe-Funchal, Goldman, Mosquera, Rey Rosa. Creo que es más bien cuestión de carácter que de otra cosa.

Pues vamos a dejarnos de asuntos periféricos. Vayamos a las 324 páginas de su nueva obra y resaltemos las líneas que, como epígrafes ineludibles, distinguen sus cuentos y novelas: en estos tiempos, ¿es prudente sospechar del jardinero, del policía, de la sirvienta y hasta de uno mismo? ¿Vale esta prudencia para todo el mundo o sólo para el “maldito trópico”? ¿Conoce algún tiempo y algún lugar en los que no hubo lugar para tanta paranoia?

No quisiera vivir la vida de un paranoico, sospechando de todos y de todas, pero hay que aceptar que muchas cosas suceden en Guatemala a escondidas, lejos de la luz y la claridad. Cuando existe la oportunidad de robar o de hacer mucho pisto, se disparan la desconfianza, las manipulaciones y obviamente los asesinos. Guatemala es un país muy dañado, mucho más dañado hoy que en los tiempos de Arévalo y Arbenz. No podemos decir que sucesivos golpes de Estado no han dañado la estructura de la sociedad guatemalteca. Hasta que el país enfrente su pasado sin anteojeras ni fantasías, la situación no va a mejorar o cambiar. Sin embargo, me parece que el trabajo de la CICIG y del pueblo que se reunía en el Parque Central es lo más saludable en la Guatemala de los últimos 15 años.

En la página 12, el protagonista ya está hecho un “experto en traiciones”. ¿Aprobó (“con honores”) un curso intensivo en el, así llamado, Congreso de la República de Guatemala?

Como dije, la estructura social, política y económica de Guatemala está tan deshilachada y rota que no existe una pomada que pueda sanar el país. El Congreso está compuesto mayormente por oportunistas, correligionarios y ladrones de los que no se puede esperar más: son el reflejo y a la vez la fuente de todo lo podrido del país.

¿El mundo está lleno de sargentos y hay escasez de soldados? ¿No es al revés? La “paridera” que viene describiendo Fernando Vallejo desde hace demasiados libros repetitivos, ¿no ha producido, más bien, exceso de tropas locas con millones de soldados rasos de mirada vidriosa y asesina?

Creo que un buen líder puede iniciar la curación de un país y una sociedad pero a la vez necesita que el pueblo coopere. No vamos a tener una verdadera reconciliación hasta que se haga una limpieza total con escoba y trapeador. Esto no es posible si el país sigue eligiendo como presidente a gente como Pérez Molina y Jimmy Morales. Esto es una farsa, una farsa muy peligrosa sin embargo: no estamos hablando de un esperpento de Valle-Inclán. Lo que pasa en Guatemala es realmente grotesco.

¿Sólo basta un “cabrón para destruir algo bello”?

Hitler no fue el único cabrón en Alemania. Hubo una complicidad integrada por un 80% del pueblo. A pesar de todos los lindos paisajes guatemaltecos, el país está muy lejos de ser “algo bello”.

¿No es increíble que Rosa Esther tenga un gusto tan refinado como para leer novelas de Manuel Puig y un gusto tan precario como para leer papeles impresos con el nombre de Isabel Allende?

A mí me gusta entretenerme un poco al escribir. Me burlo mucho de mis personajes  (de todos, menos de Olivia Padilla Xuc de Para mí, eres divina), de escritores consagrados, de gente pretenciosa. Todos mis personajes tienen elementos cursis, ridículos, etc. Especialmente la Rosa Esther que tiene tanto miedo de sí misma. Me burlo de mí mismo también.

En la página 65 aparece Jim Morrison cantando “Cuando la música termine, apaga la luz”. ¿Qué escuchó usted durante la escritura de El manipulador?

Nunca escribo con música aunque la música juega un papel importante para mí.  Y prefiero que se prenda la luz, cuando la música termina.

En la página 133 irrumpe uno de esos llamados “mensajitos” que avisa: “Divino, acabo de jugar tenis y mis calzones están mojados… por ti”. Otro avisa: “…no puedo levantarme de la mesa por la enorme erección que tengo por pensar en ti”. Aunque usted no lo crea, aún hay seres completamente ajenos a ese tipo de mensajería genitalizada. En la “vida real” ¿existen quienes remiten o reciben “mensajitos” de ese tipo o esto sólo tiene lugar en novelas y en antologías de sedicentes cuentos de “corte erótico”?

Vos sos tan pícaro, José Luis, y provocador. La verdad es que todos hemos padecido de esas experiencias (yo he tenido los calzoncillos mojados muchas veces y he experimentado una que otra erección). Últimamente, no he recibido ni mandado ese tipo de mensajes (tengo menos de seis meses de tener un smart phone con el chat), pero seguro que Rodrigo y Marjorie se mandaron mensajitos de este perfil, por escrito o por telepatía, ¿no crees?

¿Todo es oblicuo en Guatemala? ¿”Nada se hace de manera directa; todo es disimulo, cortinas de humo, pantallas, nubes, ocultamiento”? Estados Unidos y México “tampoco cantan mal las rancheras”, ¿no cree?

Pues yo creo que Guatemala ha perfeccionado el disimulo. En Guate, más que en México, hay gente que te miente descaradamente en público y nadie dice nada, por miedo o por costumbre. En México la gente está tan acostumbrada al engaño que se ríe de las mentiras y en Estados Unidos… pues no sé. Siempre he opinado que hay más posibilidades de decir la verdad y que se oiga. Últimamente, me estoy quedando con dudas.

Cometer errores “y muy serios”, ¿forma parte de la “constitución genética” del guatemalteco? Desde la mirada de Mark Twain —“eres un ser humano y no puede haber nada peor”—, ¿no habría que extender tal genética al resto de gentilicios que infestan los saldos del planeta?

Pos sí. Tenés razón. Pero dado que he escrito una novela sobre Guatemala y no sobre Honduras o Finlandia, creo que es mejor no hablar mucho de este tema.

“Tegucigalpa es una ciudad donde los puentes no conducen a ninguna parte” rumia Samir Mounier en la página 186. ¿Adónde conducen los puentes en Nueva York, el DF, Guadalajara y Costa Rica (sitios a los que usted suele ir con alguna frecuencia)?

Creo que sabes que estaba hablando metafóricamente y ahora me planteas ciertas ciudades como realidades. El puente Brooklyn va entre Brooklyn y Manhattan, en el DF hay dos niveles del mismo periférico (el mas rápido tiene cuota), y como recibo salario de Guadalajara no me permito comentar sobre los puentes tapatíos. Costa Rica tiene lindos puentes pero el paisaje es bastante aburrido, pienso yo. Se nota que no quiero contestar esta pregunta, pero debo de hacerlo:  esa observación sale de la boca de Samir Mounier, un hombre que me da asco (es un personaje totalmente ficticio), quería insinuar que aunque  las cosas en Guate estén mal, la situación está más jodida en Honduras. Siempre ha sido así, ¿no? Pues es lo que piensa de Honduras el guatemalteco.

Saber o no saber, “oropel y autoengaño”, ¿hacen de las investigaciones en Guatemala “una película muda de los veintes en la que un perro se persigue la cola durante cuarenta minutos”?

¿Cómo se puede explicar la elección de Pérez Molina en 2011? Nuestra memoria es tan escasa, que el pueblo lo eligió presidente después de ser el director de Inteligencia Militar bajo Ríos Montt? Increíble.

¿Cómo sabe usted que un Ambien sirve para dormir y 30 mg de Cymbalta funcionan durante la mañana para despertar? Igual que Fernando del Paso, ¿estudió usted Medicina… o acude al Ambien y al Cymbalta como sucedáneos del té de azahar y de un café bien cargado?

Hay tantos anuncios de estas pastillas en televisión, que uno se vuelve experto sin querer serlo.

¿A qué remiten los enigmáticos títulos de los capítulos 4, 12, 19, 23 y 29 (“Caballo y carreta = Amor y matrimonio”, “Una balada árabe: habiba, sharmuta”, “¡Tócala de nuevo, Sam!”, “Esto no se acaba hasta que cante la señora gorda” y “Cambiando caballos a la mitad del río”, respectivamente)?

Pues también hay otros títulos que a mí me gustan: por ejemplo, “La maja desnuda o la petite mort”, “Merde alors”, “Pagar el pato”. Traté de dar al lector una pista de lo que se podía esperar en cada capítulo. La verdad es que me extraña que nadie, anteriormente, me haya preguntado acerca de esto. Creo que los títulos de los capítulos juegan un papel fundamental en la novela y, claro, me entretuve mucho buscándolos.

¿A cuál “tradición de Corazón Aquino y Margaret Thatcher” se alude en la página 234?

El comentario está relacionado con la esposa del Presidente Pocasangre. Quería criticarla porque ella no fue electa presidente pero toma un rol de protagonismo dentro del gobierno de su esposo. Obviamente, es una referencia a Sandra Colom.

¿Se puede ser guatemalteco, “sin pensar en soldados, narcos, maras, carteles y demás”?

Desafortunadamente, y con pocas excepciones—por ejemplo, las maravillosas manifestaciones que lograron desplazar a Baldetti y Pérez Molina— la historia de Guate desde 1954 no es muy alentadora.

En esa misma página (la 235) aparece “un piloto de TACA” quien “al finalizar su vuelo desde Guatemala… había dado la bienvenida a los pasajeros a Managua, cuando en realidad había aterrizado en el Aeropuerto de Comalapa en El Salvador. Los pasajeros habían tenido que desembarcar y esperar dos horas para tomar otro vuelo a su destino de origen. Nada de disculpas, nada de reembolsos. Sólo otra metida de pata más”. ¿Hay aquí un exceso garciamarquiano o tuvo noticias directas de tamaño despiste?

Ja, ja. Si es una exageración, no lo es por mucho. Una lectora se quejó del comienzo del capítulo 16, donde el narrador critica a Guatemala por ser un país en donde se cometen errores muy graves… hasta que ella presentó una receta en una farmacia y se dio cuenta de que la cantidad de medicina que le habían dado era para un adulto y no para su bebé. Si se la hubiera dado, el niño estaría muerto ahorita y la farmacia se habría enconchado en el típico “si te vi, ni me acuerdo”. Tiendo a exagerar para llegar más bien a la realidad.

Entre las páginas 274 y 296 son citadas obras como El amor en los tiempos del cólera (de García Márquez), Las viñas de la ira (de Steinbeck), El coleccionista (de John Fowles), el Cándido (de Voltaire) y música de Liszt, Debussy, Delibes, Bill Evans y Cole Porter. ¿Funcionan estas referencias exclusivamente en el contexto de la novela… o son obras que, afuera de las páginas, son o fueron vitales para usted?

Has descubierto algo: sí, son obras que funcionan dentro de la novela, pero también expresan mis preferencias, más en cuanto a la música que a la literatura. Creo que comparto con Javier Mosquera la relación intima entre la literatura y la música—hay un CD que acompaña su novela Figuraciones que juega un papel esencial para interpretar mejor ese libro.

¿Cuánta Psilocibina debe consumirse para siquiera imaginar en alguna reencarnación que “Los guatemaltecos creen que sólo es cuestión de tiempo antes de que su país asuma su legítimo lugar como líder latinoamericano”?

José Luis, ¡siempre andas provocando! Los logros de los mayas han sido una cuestión de gran orgullo para Guate. Sufrimos de cierta soberbia contradictoria, por lo menos en comparación con los otros países centroamericanos.

Casi en la última línea de la página final de su novela aparece la expresión “Insha’Allah”. ¿Qué hace ahí y qué significa?  

La traducción al español seria “Si Dios quiere” y es una frase que escucha Guillermo saliendo de la boca de una mujer que él imagina podría ser de su amante Maryam Khalil. A la vez, es una frase que mis abuelos sirios siempre decían. Más que nada utilizo esa frase no para enfatizar mi convicción religiosa, sino más bien para indicar que todo es posible, que aun lo inesperado se puede cumplir. A fin de cuentas, soy optimista y creo profundamente en la posibilidad de transformación. Y amo/odio Guatemala con igual intensidad.

 

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