Países Lejanos

por Rosina Cazal*

Hace un año con exactitud se presentó en la librería Sophos una novela del escritor guatemalteco William Spindler. Días atrás, viendo la noticia del golpe de Estado en Mali, me entró una inquietud aterradora, aquel libro no tuvo la resonancia que se merece y ahora intento remediar en algo ese vacío. Con William nos conocimos hace treinta años y solo nos reencontramos con esta publicación apoyada por Magna Terra. Como envuelto con una cinta de Moebius, me llegó su libro que es producto de su propia experiencia en África. Su título: Países lejanos. Su estructura: la suma de una serie de crónicas de viajes donde se entremezclan las vidas de exploradores y mercenarios de distintas épocas, de princesas y piratas con periodistas contemporáneos. Entre Simbad El Marino y el Che Guevara, la novela gira alrededor de un misterio y la búsqueda de una explicación al asesinato de un militar latinoamericano del contingente de las Naciones Unidas; por la cual el mismo Spindler ha transitado. Es en la convivencia aparentemente dispar de sus personajes donde se abre la gran paradoja del libro: ¿hasta qué punto es posible hacer una literatura de viajes que no sea imperialista sino solidaria?

En el vaivén de confusiones de tiempos y verdades históricas el autor nos aporta una percepción más cercana de ese territorio vasto que por siglos, y de manera muy torpe, el mundo ha simplificado. De hecho, para escapar pronto de la obviedad, el libro comienza con una escena que recrea uno de los grandes arquetipos africanos: la violencia de la naturaleza traducida a través de la imagen de un hombre devorado por cocodrilos hambrientos. Con esta, el arma feroz del humor e incluso me atrevería a decir la de la autocrítica, sirven para colocarnos frente a un combate moral, social y político, y así prepararnos para recibir los capítulos de desenfreno y violencia que llegaron a connotar a países como Ruanda.

Es un libro que merece la pena abordar sin brújulas. Lo enriquecedor viene de cierto destino azaroso, donde el tiempo no es fijo e inalterable “sino creado constantemente”. Spindler no busca deslumbrar con su conocimiento sobre el territorio o establecer una cátedra tipo Discovery Channel. Más bien, en una configuración de eventos extraños, donde sucumbe cualquier sentimiento altruista, invitar a una lectura despojada de todo aquello que preconcebimos bajo el nombre África.

*http://www.elperiodico.com.gt/es/20120411/lacolumna/210611/

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