David Unger: Muchas cosas suceden en Guatemala a escondidas, lejos de la luz y de la claridad

El Maestro de maestros David Unger está de nuevo en Sophos. Luego de habernos purificado las vías respiratorias con el oxígeno que emanan los cuentos agrupados en Ni chicha, ni limonada (¿qué espera F&G editores para reimprimirlosUnger 1?), más allá de avisarnos que Vivir en el maldito trópico transfiere daños irreversibles y que El precio de la fuga deja secuelas que tardan más de una reencarnación en sanar, hoy Unger camina otra vez entre los libros de Sophos custodiados por la esperanza, se detiene, ve (como siempre) de frente a sus cada vez más numerosos lectores y les presenta las trepidaciones vertiginosas que lacró en cada línea de El manipulador, su nueva novela impresa en México por Planeta.

—JL Perdomo Orellana

 “Tú, él, nosotros et al.” manipulan. ¿Hay una “sola alma de Dios” que no lo haga?  Thomas Bernhard llegó al extremo de apuntar que incluso los recién nacidos lloran por cálculo…

Una cosa es que las lágrimas broten de los ojos por naturaleza, por el puro dolor, y otra que los artistas te lleven a cierto sentimiento por la manipulación de colores, palabras y sonidos. Creo que las artes conducen a sus apreciadores a un determinado lugar que a fin de cuentas es solamente una, y no la única, conclusión.

¿Es Dios el “Gran Manipulador” o los manipuladores de antología son sus autoproclamados “apóstoles” erigidos en gerentes generales de “exitosas” megapacas espirituales?

Dios, si existió, dejó de preocuparse de nosotros hace milenios—nos dejó todas las piezas para construir nuestro mundo y a pesar de muchas notables excepciones, lo hemos saturado de detritus. En cuanto a “los manipuladores de antología”, basta decir que el papel aguanta todo y a fin de cuentas terminaremos todos hechos polvo, gracias a Dios.

Con premios (trucados) o sin premios, con y sin agente literario, ¿quiénes manipulan “más”?: ¿los autores, los editores “tiburoneros”, los libreros que se prestan a la jugarreta de ofrecer novedades precocidas?

Todos somos culpables. El mundo editorial es un negocio y todos jugamos nuestro papel siniestro. Sin embargo, creo que salen a flote muchas obras buenas que nos pueden entretener al mismo tiempo que nos dan la oportunidad de apartar la cortina y ver algo nuevo, por primera vez. Lo que no vale es el engaño y desafortunadamente hay mucho de eso en las llamadas “letras”.

¿Son los lectores los “grandes manipulados”?

Indudablemente. Siendo lector, a mí también me manipulan. Yo prefiero las obras que me llevan de la mano hasta cierto punto y después me sueltan para llegar a un punto más allá de la realidad. Las mejores obras nos ofrecen, como he dicho, opciones y no conclusiones. Creo que los lectores que buscan El manipulador para entender el “Caso Rosenberg” a lo mejor se van a decepcionar. Ésa puede ser la razón por la que el público prefiere leer Un libanés de San Marcos en vez de leer mi novela —esta llamada biografía “best seller” sólo confirma que los lectores prefieren leer una fantasía mal escrita a una novela, si me lo permites, que trata de profundizar las cosas.

¿Lo manipuló alguien o algo a usted para ponerse a escribir El manipulador?

Varios amigos me dijeron que no debería tocar el tema del Caso Rosenberg dado que Rodrigo les daba asco y porque era un caso en el que “la realidad superaba a la ficción.” Ningún escritor puede aceptar ese consejo y lo tomé como un reto. Yo quería tejer una novela que arrancara de la grabación que hizo Rodrigo, pero que no tiene nada qué ver con su vida y los personajes que lo rodeaban: Marjorie y Khalil Musa Musa, las varias esposas e hijos del mismo Rodrigo.

En efecto, ¿no era “demasiado arriesgado” tratar un tema trágico del que pronto hubo por lo menos un libro y el anuncio de una película?

Ya me conoces bien, José Luis, y sabes que los “riesgos” me valen un comino. Los temas escogen al escritor y no viceversa. Existen escritores (miedosos) que escriben la misma historia en cada libro y otros que escriben lo que la conciencia o la inspiración los obliga a escribir—estoy pensando en Phe-Funchal, Goldman, Mosquera, Rey Rosa. Creo que es más bien cuestión de carácter que de otra cosa.

Pues vamos a dejarnos de asuntos periféricos. Vayamos a las 324 páginas de su nueva obra y resaltemos las líneas que, como epígrafes ineludibles, distinguen sus cuentos y novelas: en estos tiempos, ¿es prudente sospechar del jardinero, del policía, de la sirvienta y hasta de uno mismo? ¿Vale esta prudencia para todo el mundo o sólo para el “maldito trópico”? ¿Conoce algún tiempo y algún lugar en los que no hubo lugar para tanta paranoia?

No quisiera vivir la vida de un paranoico, sospechando de todos y de todas, pero hay que aceptar que muchas cosas suceden en Guatemala a escondidas, lejos de la luz y la claridad. Cuando existe la oportunidad de robar o de hacer mucho pisto, se disparan la desconfianza, las manipulaciones y obviamente los asesinos. Guatemala es un país muy dañado, mucho más dañado hoy que en los tiempos de Arévalo y Arbenz. No podemos decir que sucesivos golpes de Estado no han dañado la estructura de la sociedad guatemalteca. Hasta que el país enfrente su pasado sin anteojeras ni fantasías, la situación no va a mejorar o cambiar. Sin embargo, me parece que el trabajo de la CICIG y del pueblo que se reunía en el Parque Central es lo más saludable en la Guatemala de los últimos 15 años.

En la página 12, el protagonista ya está hecho un “experto en traiciones”. ¿Aprobó (“con honores”) un curso intensivo en el, así llamado, Congreso de la República de Guatemala?

Como dije, la estructura social, política y económica de Guatemala está tan deshilachada y rota que no existe una pomada que pueda sanar el país. El Congreso está compuesto mayormente por oportunistas, correligionarios y ladrones de los que no se puede esperar más: son el reflejo y a la vez la fuente de todo lo podrido del país.

¿El mundo está lleno de sargentos y hay escasez de soldados? ¿No es al revés? La “paridera” que viene describiendo Fernando Vallejo desde hace demasiados libros repetitivos, ¿no ha producido, más bien, exceso de tropas locas con millones de soldados rasos de mirada vidriosa y asesina?

Creo que un buen líder puede iniciar la curación de un país y una sociedad pero a la vez necesita que el pueblo coopere. No vamos a tener una verdadera reconciliación hasta que se haga una limpieza total con escoba y trapeador. Esto no es posible si el país sigue eligiendo como presidente a gente como Pérez Molina y Jimmy Morales. Esto es una farsa, una farsa muy peligrosa sin embargo: no estamos hablando de un esperpento de Valle-Inclán. Lo que pasa en Guatemala es realmente grotesco.

¿Sólo basta un “cabrón para destruir algo bello”?

Hitler no fue el único cabrón en Alemania. Hubo una complicidad integrada por un 80% del pueblo. A pesar de todos los lindos paisajes guatemaltecos, el país está muy lejos de ser “algo bello”.

¿No es increíble que Rosa Esther tenga un gusto tan refinado como para leer novelas de Manuel Puig y un gusto tan precario como para leer papeles impresos con el nombre de Isabel Allende?

A mí me gusta entretenerme un poco al escribir. Me burlo mucho de mis personajes  (de todos, menos de Olivia Padilla Xuc de Para mí, eres divina), de escritores consagrados, de gente pretenciosa. Todos mis personajes tienen elementos cursis, ridículos, etc. Especialmente la Rosa Esther que tiene tanto miedo de sí misma. Me burlo de mí mismo también.

En la página 65 aparece Jim Morrison cantando “Cuando la música termine, apaga la luz”. ¿Qué escuchó usted durante la escritura de El manipulador?

Nunca escribo con música aunque la música juega un papel importante para mí.  Y prefiero que se prenda la luz, cuando la música termina.

En la página 133 irrumpe uno de esos llamados “mensajitos” que avisa: “Divino, acabo de jugar tenis y mis calzones están mojados… por ti”. Otro avisa: “…no puedo levantarme de la mesa por la enorme erección que tengo por pensar en ti”. Aunque usted no lo crea, aún hay seres completamente ajenos a ese tipo de mensajería genitalizada. En la “vida real” ¿existen quienes remiten o reciben “mensajitos” de ese tipo o esto sólo tiene lugar en novelas y en antologías de sedicentes cuentos de “corte erótico”?

Vos sos tan pícaro, José Luis, y provocador. La verdad es que todos hemos padecido de esas experiencias (yo he tenido los calzoncillos mojados muchas veces y he experimentado una que otra erección). Últimamente, no he recibido ni mandado ese tipo de mensajes (tengo menos de seis meses de tener un smart phone con el chat), pero seguro que Rodrigo y Marjorie se mandaron mensajitos de este perfil, por escrito o por telepatía, ¿no crees?

¿Todo es oblicuo en Guatemala? ¿”Nada se hace de manera directa; todo es disimulo, cortinas de humo, pantallas, nubes, ocultamiento”? Estados Unidos y México “tampoco cantan mal las rancheras”, ¿no cree?

Pues yo creo que Guatemala ha perfeccionado el disimulo. En Guate, más que en México, hay gente que te miente descaradamente en público y nadie dice nada, por miedo o por costumbre. En México la gente está tan acostumbrada al engaño que se ríe de las mentiras y en Estados Unidos… pues no sé. Siempre he opinado que hay más posibilidades de decir la verdad y que se oiga. Últimamente, me estoy quedando con dudas.

Cometer errores “y muy serios”, ¿forma parte de la “constitución genética” del guatemalteco? Desde la mirada de Mark Twain —“eres un ser humano y no puede haber nada peor”—, ¿no habría que extender tal genética al resto de gentilicios que infestan los saldos del planeta?

Pos sí. Tenés razón. Pero dado que he escrito una novela sobre Guatemala y no sobre Honduras o Finlandia, creo que es mejor no hablar mucho de este tema.

“Tegucigalpa es una ciudad donde los puentes no conducen a ninguna parte” rumia Samir Mounier en la página 186. ¿Adónde conducen los puentes en Nueva York, el DF, Guadalajara y Costa Rica (sitios a los que usted suele ir con alguna frecuencia)?

Creo que sabes que estaba hablando metafóricamente y ahora me planteas ciertas ciudades como realidades. El puente Brooklyn va entre Brooklyn y Manhattan, en el DF hay dos niveles del mismo periférico (el mas rápido tiene cuota), y como recibo salario de Guadalajara no me permito comentar sobre los puentes tapatíos. Costa Rica tiene lindos puentes pero el paisaje es bastante aburrido, pienso yo. Se nota que no quiero contestar esta pregunta, pero debo de hacerlo:  esa observación sale de la boca de Samir Mounier, un hombre que me da asco (es un personaje totalmente ficticio), quería insinuar que aunque  las cosas en Guate estén mal, la situación está más jodida en Honduras. Siempre ha sido así, ¿no? Pues es lo que piensa de Honduras el guatemalteco.

Saber o no saber, “oropel y autoengaño”, ¿hacen de las investigaciones en Guatemala “una película muda de los veintes en la que un perro se persigue la cola durante cuarenta minutos”?

¿Cómo se puede explicar la elección de Pérez Molina en 2011? Nuestra memoria es tan escasa, que el pueblo lo eligió presidente después de ser el director de Inteligencia Militar bajo Ríos Montt? Increíble.

¿Cómo sabe usted que un Ambien sirve para dormir y 30 mg de Cymbalta funcionan durante la mañana para despertar? Igual que Fernando del Paso, ¿estudió usted Medicina… o acude al Ambien y al Cymbalta como sucedáneos del té de azahar y de un café bien cargado?

Hay tantos anuncios de estas pastillas en televisión, que uno se vuelve experto sin querer serlo.

¿A qué remiten los enigmáticos títulos de los capítulos 4, 12, 19, 23 y 29 (“Caballo y carreta = Amor y matrimonio”, “Una balada árabe: habiba, sharmuta”, “¡Tócala de nuevo, Sam!”, “Esto no se acaba hasta que cante la señora gorda” y “Cambiando caballos a la mitad del río”, respectivamente)?

Pues también hay otros títulos que a mí me gustan: por ejemplo, “La maja desnuda o la petite mort”, “Merde alors”, “Pagar el pato”. Traté de dar al lector una pista de lo que se podía esperar en cada capítulo. La verdad es que me extraña que nadie, anteriormente, me haya preguntado acerca de esto. Creo que los títulos de los capítulos juegan un papel fundamental en la novela y, claro, me entretuve mucho buscándolos.

¿A cuál “tradición de Corazón Aquino y Margaret Thatcher” se alude en la página 234?

El comentario está relacionado con la esposa del Presidente Pocasangre. Quería criticarla porque ella no fue electa presidente pero toma un rol de protagonismo dentro del gobierno de su esposo. Obviamente, es una referencia a Sandra Colom.

¿Se puede ser guatemalteco, “sin pensar en soldados, narcos, maras, carteles y demás”?

Desafortunadamente, y con pocas excepciones—por ejemplo, las maravillosas manifestaciones que lograron desplazar a Baldetti y Pérez Molina— la historia de Guate desde 1954 no es muy alentadora.

En esa misma página (la 235) aparece “un piloto de TACA” quien “al finalizar su vuelo desde Guatemala… había dado la bienvenida a los pasajeros a Managua, cuando en realidad había aterrizado en el Aeropuerto de Comalapa en El Salvador. Los pasajeros habían tenido que desembarcar y esperar dos horas para tomar otro vuelo a su destino de origen. Nada de disculpas, nada de reembolsos. Sólo otra metida de pata más”. ¿Hay aquí un exceso garciamarquiano o tuvo noticias directas de tamaño despiste?

Ja, ja. Si es una exageración, no lo es por mucho. Una lectora se quejó del comienzo del capítulo 16, donde el narrador critica a Guatemala por ser un país en donde se cometen errores muy graves… hasta que ella presentó una receta en una farmacia y se dio cuenta de que la cantidad de medicina que le habían dado era para un adulto y no para su bebé. Si se la hubiera dado, el niño estaría muerto ahorita y la farmacia se habría enconchado en el típico “si te vi, ni me acuerdo”. Tiendo a exagerar para llegar más bien a la realidad.

Entre las páginas 274 y 296 son citadas obras como El amor en los tiempos del cólera (de García Márquez), Las viñas de la ira (de Steinbeck), El coleccionista (de John Fowles), el Cándido (de Voltaire) y música de Liszt, Debussy, Delibes, Bill Evans y Cole Porter. ¿Funcionan estas referencias exclusivamente en el contexto de la novela… o son obras que, afuera de las páginas, son o fueron vitales para usted?

Has descubierto algo: sí, son obras que funcionan dentro de la novela, pero también expresan mis preferencias, más en cuanto a la música que a la literatura. Creo que comparto con Javier Mosquera la relación intima entre la literatura y la música—hay un CD que acompaña su novela Figuraciones que juega un papel esencial para interpretar mejor ese libro.

¿Cuánta Psilocibina debe consumirse para siquiera imaginar en alguna reencarnación que “Los guatemaltecos creen que sólo es cuestión de tiempo antes de que su país asuma su legítimo lugar como líder latinoamericano”?

José Luis, ¡siempre andas provocando! Los logros de los mayas han sido una cuestión de gran orgullo para Guate. Sufrimos de cierta soberbia contradictoria, por lo menos en comparación con los otros países centroamericanos.

Casi en la última línea de la página final de su novela aparece la expresión “Insha’Allah”. ¿Qué hace ahí y qué significa?  

La traducción al español seria “Si Dios quiere” y es una frase que escucha Guillermo saliendo de la boca de una mujer que él imagina podría ser de su amante Maryam Khalil. A la vez, es una frase que mis abuelos sirios siempre decían. Más que nada utilizo esa frase no para enfatizar mi convicción religiosa, sino más bien para indicar que todo es posible, que aun lo inesperado se puede cumplir. A fin de cuentas, soy optimista y creo profundamente en la posibilidad de transformación. Y amo/odio Guatemala con igual intensidad.

 

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David Unger responde el cuestionario Hitch

ungerPor José Luis Perdomo Orellana

—El ensayista británico Christopher Hitchens —nacionalizado estadounidense en un momento de descuido— hizo una especie de alquimia con las previsibles preguntas que le formularon Vanity Fair y Paris Review. Les dio tanta importancia como para incluir el cuestionario en sus memorias Hitch 22.

Con este antecedente, a reserva de que usted tenga la sospecha de que esto más parece material para la chilanga y achilangada revista TV y novelas, permítame tener la osadía de plantearle…
EL CUESTIONARIO HITCH
¿Qué es el colmo de la desdicha?
Que no podemos revivir ciertas experiencias en la vida.
¿Cómo le gustaría vivir?
En un estado de constante sorpresa, con el tiempo suficiente de profundizar cada experiencia, sintiéndome totalmente vivo.
¿Cuál es su idea de felicidad en la Tierra?
Tener una casa en tierra fría, con chimenea y terraza, y con vista al mar. Sin vecinos, excepto unas cuantas tortugas y colibrís… aunque sé que los últimos no habitan las playas. Tener tres meses de verano, cuando me podría meter al mar.
¿Qué pecados le inspiran más indulgencia?
Confiar demasiado en lo buena que es la gente, ¿llega a ser un pecado, José Luis? En ese caso, ahí pido más indulgencia. Me han traicionado un par de amigos.
¿Cuáles son sus personajes favoritos de ficción?
Stephen Daedalus de Joyce, Ishmael de Melville, Gatsby de Fitzgerald, Tevye de Shalom Aleichem. Como podés notar, soy un chapín bastante agringado. Estos personajes fueron románticos en un mundo demasiado realista.
¿Cuáles son sus personajes históricos favoritos?
José de la Biblia, Beethoven, Vallejo (César, no el medallo/colombiano/mexicano), Agustín Lara, Matisse. El pintor Arshile Gorky.
¿Cuáles son sus heroínas en la vida real?
Toña la Negra, Ella Fitzgerald, Flannery O’Connor, Emma Lazarus, Rosa Parks, Fortuna Yarhi de Unger (mi madre).
¿Cuáles son sus heroínas de ficción?
Prefiero decir los nombres de escritoras como Flannery O’Connor, Patricia Highsmith, Jane Austen, Elena Ferrante y Sara Sefchovich por su lindísima novela Demasiado amor.
¿Su pintor favorito?
Picasso, por ser tan salvaje, Masaccio y Vermeer por su exactitud y emoción en cada línea y color. Podría vivir contentamente con cuadros de ellos.
¿Sus músicos favoritos?
¡Ecco! Beethoven, Philip Glass, Mozart, Bach, Bob Dylan, Joan Baez, Buena Vista, Corelli, Los Beatles, Manu Chao. Hay muchos.
¿La cualidad que más admira en un hombre?
Su rectitud, humor y visión.
¿La cualidad que más admira en una mujer?
Su guapura y valentía.
¿Su virtud preferida?
Claridad. Honestidad.
¿La virtud que menos le gusta, o la más sobrevalorada?
La perfección y los sacrificios. Perdón, pero no existen.
¿De qué logro está más orgulloso?
Aunque no lo creás o te burlés de mí, el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias de Guatemala. No lo esperaba y me llena de gratitud el haber sido nominado y que me lo otorgaran.
¿Su ocupación favorita?
Jugar backgammon, mientras oigo las Variaciones de Goldberg, de Bach, con un buen güisqui en una copa.
¿Quién le habría gustado ser?
Un beisbolista profesional, jugando de jardinero derecho y batiendo .325. Alguien como Roberto Clemente, de los Piratas.
¿Cuál es su característica principal?
Burlarme de muchas cosas.
¿Qué es lo que más aprecia de sus amigos?
Su entrega. Su confianza. Su fidelidad. Su talento. Que piensen profundamente y que se burlen de muchas cuestiones.
¿Cuál es su principal defecto?
A veces digo tonterías. Hablo sin pensar y entonces aparece el remordimiento.
¿Cuál sería la mayor de sus desgracias?
No haber podido pasar mi niñez en Guate. Creo que hubiera sido un patojo mucho más feliz.
¿Qué le gustaría ser?
Cantante.
¿Cuál es su color favorito?
Azul, azul, azul —como dijo Agustín Lara.
¿Cuál es su flor favorita?
La gardenia, aunque sé que su olor es fuerte.
¿Cuál es su pájaro preferido?
Me gustan los cardenales y mot-mots.
¿Qué palabra o expresión utiliza demasiado?
What the fuck!
¿Quiénes son sus poetas preferidos?
Rilke, Vallejo (César), Li Bai, Lao Tzu, Hart Crane, D.H. Lawrence. Confieso: García Lorca es el poeta mas sobrevalorado, aunque como persona histórica lo admiro mucho.
¿Qué autores en prosa le siguen haciendo compañía?
Joyce, Melville. Éstos son los gigantes. Pero hay muchos más y todos son muy buenos. Graham Greene, por ejemplo.
¿Cuáles son sus nombres favoritos?
Mia y Zoe: son los nombres de mis hijas. Las quiero mucho, y las admiro un chingo.
¿Qué es lo que más le disgusta?
La pomposidad y sus parientes cercanos: la arrogancia y la prepotencia, el racismo y la misoginia. La falta de tolerancia y la falta de sentido común.
¿Qué figuras históricas le inspiran más desprecio?
Hitler y Stalin. Fueron máquinas de matar.
¿Qué figuras contemporáneas le inspiran más desprecio?
Donald Trump y Putin. Me dan asco. Y no olvidemos a Ríos Montt y Pérez Molina.
¿Qué acontecimientos de historia militar le producen más admiración?
Las victorias de los vietnamitas y su liberación del colonialismo. La guerra de seis días de Israel en 1967. Aunque fueron derrotados, admiro mucho a los griegos en la batalla de las Termópilas y a los judíos en Masada.
¿Qué talento natural le habría gustado poseer?
Como dije ya, cantar bien. Poder emocionar a la gente con mi voz.
¿Cómo le gustaría morir?
Sin suero. Con los zapatos puestos. Con el cerebro y el pito aún funcionando. Con cien años de dicha.
¿Qué es lo que más le disgusta de su apariencia?
Los dientes. Son demasiado amarillos y un poco torcidos. La verdad es que no me gusta verme en el espejo.
¿Cuál es su lema?
Amar y ser amado a cambio. Vivir y dejar vivir, sin chingar la vida a los otros.

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El club de lectura del final de tu vida

El club de lectura del final de tu vida
de Will Schwalbe
por Solivan Guillén
“Me pareció que mi imagen permanecía seria, incluso cuando yo trataba de sonreírle. La agité ante mí.
Sonreí y la imagen mantuvo el mismo aire severo y triste.
El día acababa y era la hora de la que no quiero hablar, la hora sin nombre…”
-Albert Camus
El extranjero
 

Un club poco convencional es ratificado en la sala de espera de un hospital cuando Will le pregunta a su madre, lectora empedernida qué lee. Naturalmente ella le responde y llegan a la conclusión, de que tenían un club de lectura sin haberlo notado.

Esta obra es un largo viaje a través del cáncer pancreático de Mary Ann Schwalbe y las innumerables lecturas a las que se hace referencia en estas memorias. La intención del autor es presentar al lector esta gran mujer que ayudó a infinidad de personas con un saludo y una sonrisa, al crear espacios culturales como una biblioteca en Afganistán (su última obra benéfica) y anteponer las necesidades de otros a las suyas.
El lector podrá reconocer desde el principio que el valor principal de la obra es ayudar a los demás de un modo que pocos logran comprender, y que los libros forman son la esencia vital de esta mujer y su hijo porque éstos la ayudaron a enfrentar su viaje inexorable hacia la muerte y a su hijo Will hacia la vida sin ella.

A lo largo de las páginas se mencionan libros como Suite Francesa de Irene Némirovsky, Los Hombres Que No Amaban a las Mujeres de Stieg Larsson o Los Detectives Salvajes, entre otros.

Leen, critican, y comparten opiniones en cada sesión de quimioterapia. Un libro que aporta amor y pasión por la lectura. Un homenaje a la lectura y a la vida, y que además le proporciona al lector una gran cantidad información sobre libros que debe agregar a su propia lista de espera.

Una historia que sumerge al lector en el mar infinito e impredecible que es la vida, con el consuelo de los libros.

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La guerra de los capinegros

La guerra de los capinegros
de Francisco Pérez de Antón
por Jorge Lemus
“Vinimos a este mundo a soñar, dicen los cantares de los indios. Nuestros sueños es todo lo que quedará de nosotros.
Ni siquiera las flores que habrán de nacer en nuestras tumbas permanecerán allí mucho tiempo.”

Francisco Pérez de Antón es un autor español, residente en Guatemala. Fue un destacado empresario, docente y miembro de diferentes academias guatemaltecas. En 1986 se retiró de la vida empresarial y la docencia para dedicarse al periodismo y la literatura. Ha sido reconocido internacionalmente y galardonado con el premio Miguel Ángel Asturias en el año 2011.

La novela La guerra de los capinegros es el relato de la travesía espiritual de un grupo de frailes españoles para evangelizar a los habitantes de las Indias Orientales.
El punto de partida de la narración es en España, donde un pequeño grupo de frailes intenta viajar a las Indias para la salvar las almas de los naturales, que están siendo esclavizados y asesinados por los encomenderos.

Desde el primer momento esta novela impresionará al lector por todas las vicisitudes que los frailes pasan para llegar a las indias orientales.

Es una novela recomendable para las personas interesadas en la historia de la conquista de Guatemala y América Central.

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Desayuno en Tiffany´s

Desayuno en Tiffany´s
de Truman Capote
por Wellington Nelson
“Lo único que pasa es que yo misma me dispuse a que me gustaran los hombres maduros,
y ésa fue la decisión más inteligente de mi vida.”
-Holly Golightly

Un joven escritor relata la historia de una chica diferente, extravagante quizás, quien será la protagonista de esta novela.
Holly y el escritor, aunque viven en el mismo edificio de apartamentos, no es sino por una serie de pequeños favores que ella le exige, que intercambian palabras y se conocen de forma más personal.

A Holly Golightly le sorprende que él sea escritor, pues para ella un escritor necesariamente debe ser viejo. Esta misteriosa jovencita de 19 años, pese a su corta edad, ya ha conocido a escritores como William Saroyan (1908-1981).

Ella busca el éxito y la fama y el joven escritor, su vecino de apartamento relatará una a una las aventuras de esta chica que siempre va con gafas de sol y vestuario extravagante. Holly Golightly seduce sin buscarlo, posee un encanto natural que no pasa desapercibido a los hombres que está cerca de ella y que pertenecen a diversos círculos sociales. Sus animadas conversaciones con muchos de ellos la conducen a esbozar una historia más en su vida de constantes fiestas y paseos, sin embargo detrás de ella existe un pasado reciente.

Pero, quién es esta encantadora jovencita de 19 años de quien tan sólo se sabe el nombre y la edad. Por fortuna, hay una respuesta, pues el joven escritor que narra la novela se convertirá en amigo cercano de Holly, y esta peculiar amistad entre ellos será el hilo conductor que permitirá al lector descubrir quién es realmente esta chica de vestuario extravagante que lleva gafas de sol todo el tiempo.

Truman Capote (1924-1984) fue uno de los escritores estadounidenses más destacados del Siglo XX. Previo a escribir su famosa A sangre fría, publicó Desayuno en Tiffany’s una muestra de su habilidad para describir los sucesos de la trama.

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Monasterio

Monasterio
de Eduardo Halfon
por Gabriela Velásquez

Eduardo Halfon plasma en Monasterio, la descripción del lugar en donde se desarrolla la novela con tantos detalles que es imposible no imaginarse caminando en las calles de Israel.

El relato empieza con un viaje familiar que no pinta nada bien, en el aeropuerto Ben Gurión en Tel Aviv, cuya descripción permite al lector recrear la atmósfera enrarecida y bochornosa, propias del clima del lugar.

Dentro de la atmósfera sombría que caracteriza este viaje del protagonista y su familia aparece como una luz en el camino una vieja amiga, Tamara, a quien conoció en Antigua Guatemala, y es ella quien hará más agradable la estadía de Eduardo, el protagonista, en esa tierra en la que se encuentra la raíz de su existencia.

Las analepsias son una característica de esta novela, ya que Eduardo reconstruye la historia de sus orígenes y el arribo de su bisabuelo a la ciudad en la que murió muchas décadas después. Llegada, frustrada quizás, pues según cuenta el nieto, el abuelo se confundió de país y desembarcó en otro lugar, sin embargo ahí permaneció hasta su muerte.

El lector percibe un joven confundido en búsqueda de su identidad, y este viaje familiar lo acerca a esas raíces en las que tampoco se reconoce.

Es una novela intensa, un poco oscura y conmovedora, pero fácil de leer. Me sorprendí con cada descripción, no cabe duda que el autor es el protagonista, pues solo él podría describir los detalles con tanta fidelidad y humor negro.

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Demian

DEMIAN
de Hermann Hesse
por María Cristina Vásquez Cifuentes
“Mi historia no es agradable, no es dulce y armoniosa como las historias inventadas. Tiene un sabor a disparate y a confusión, a locura y a sueño, como la vida de todos los hombres que ya no quieren seguir engañándose a sí mismos.”

Hermann Hesse es un escritor alemán que obtiene el Premio Nobel de Literatura en1946. Procede de una familia de misioneros pietistas por lo que ahonda en el estudio teológico. Cuestiona los procesos educativos de su tiempo y su formación es completamente autodidacta. Los temas recurrentes de sus libros abordan la cultura occidental y la búsqueda interna del razonamiento.

Hermann Hesse utilizó muchos pseudónimos en su vida, uno de ellos es Emil Sinclair, personaje principal de esta novela, también es el narrador y relata con base en los recuerdos su infancia y adolescencia, así como la influencia que la Primera Guerra

En la novela, Sinclair conoce a varios personajes que lo ayudan a reflexionar y a romper con los esquemas establecidos por la sociedad. Estos personajes son: Max Demian y su madre, Frau Eva, el músico Pistorius y el joven Knauer.

La intertextualidad es una característica de esta novela porque acerca al lector a grandes personajes como Platón y Heródoto; a grandes obras como Así habla Zaratrusta de Nietzsche, Fausto de Goethe y algunas novelas de Tolstoi. Analiza y cuestiona pasajes bíblicos como Caín, Abel y el monte de Gólgota; también profundiza en el libertinaje de San Agustín que lo lleva a convertirse en profeta.

La lucha interna en la que se debate Emil Sinclair es la confrontación de dos mundos, el primero es el de sus padres, limpio y ordenado, lleno de respeto y pureza donde el lenguaje es mesurado y las acciones conllevan belleza y pulcritud. En el otro habitan la suciedad, las tentaciones, las mentiras, las diversiones pasajeras, los vicios y los fracasos. Emil Sinclair tendrá que decidir constantemente a qué mundo pertenece y se verá forzado por sus impulsos físicos y mentales a permanecer por un tiempo determinado en cada uno de los mundos.

Demian es una novela que invita a la reflexión, al cuestionamiento de la rutina diaria, al aprendizaje y la observación, con el principal objeto de encontrar respuestas en uno mismo y dirigir nuestro camino por el mejor sendero.

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Desgracia impeorable

Desgracia impeorable
de Peter Handke
por Juan Carlos Figueroa M.

El título de esta novela, Desgracia impeorable, tiene una relación clara con el argumento que desarrolla. En este caso, el autor mismo: Peter Handke, expresa sus propias dificultades para volver concreto, en palabras y en papel, el sentimiento que le provoca el suicidio de su madre. Es una desgracia, en parte, porque se suicidó y también por la incapacidad inmediata que tiene el autor para expresárselo a alguien más (quien lo lee).

En la atmósfera del relato se percibe el intento de Handke por invitarnos a comprender su pensamiento y, al mismo tiempo, a las estructuras del lenguaje que permiten que una historia como esta sea comprendida sin tener que alejarse necesariamente de los hechos vividos por el autor (digamos, la realidad).

El tiempo narrativo de la historia es desde la visión del autor y su relación con los hechos, cronológico. Por el tema, sin embargo se recurre necesariamente a la analepsia tanto para recordar a la madre como para retratar un pensamiento.

Ciertamente, este es un libro que no tiene como fin provocar ningún sentimiento de felicidad; pero que el fin no sea ese no significa que la forma en la que relata la historia, sus reflexiones, memorias y pensamientos no dejen en nosotros mismos algún bien, quizás, porque podemos estar pasando por un momento así, porque lo estaremos o porque ya lo pasamos y pudimos pensarlo de forma similar. O por el contrario, puede que nos veamos inmersos en una desgracia aún peor y que leer este libro empeore todo.

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Salvaje

Salvaje
de Cheryl Strayed
por S. J. Guillén Martínez
“Cuando no pensaba en la muerte, no pensaba absolutamente en nada. Eso no le resultaba complicado”
Los años de peregrinación del chico sin color

Cheryl Strayed, la protagonista narra su recorrido por el Sendero del Macizo Pacifico, del que recorre 1.700 kilómetros para reunirse con la mujer que sabía que podía ser y reencontrase con la niña que había sido en otro tiempo.

Primero fue una decisión espontánea, pero cuando lo resolvió realmente le llevó semanas comprar y distribuir en cajas todo lo necesario para el largo viaje sobre el cual no tenía ninguna experiencia.

Esta decisión tan espontánea y que le llevó semanas de preparativos surge a raíz de varios acontecimientos en la vida de Strayed: el abandono de su padre biológico, la muerte de su madre cuando es adulta, la dispersión de su núcleo familiar, el divorcio, el adulterio, las drogas, la promiscuidad y por último, el aborto. Después de deambular por diferentes ciudades, con un recuerdo vago sobre lo que debía ser la vida, Cheryl no tiene nada en qué apoyarse para sobrevivir al dolor y al vacío que la muerte de su madre le dejó.

Al bordear la costa Oeste de los Estados Unidos completamente sola, la autora narra cada página de forma tan vívida y afinada que quien lee puede sentir el dolor físico, el calor abrasador del desierto, el frío de la nieve y el esfuerzo de cada paso que da. La manera en la que aborda su pasado y lo entrega en cada capítulo engancha al lector para que no pueda dejar de leer.

Salvaje es por mucho, uno esos de los libros que obligan lector a reflexionar sin necesidad de instrucciones sobre cómo llevar una vida plena o encontrarse a sí mismo. Cheryl Strayed lo acerca al ideal que siempre ha querido, a tomar las riendas a pesar de una vida de miseria y desorden, de haber perdido casi todo, y aunque no es necesario recorrer miles de kilómetros a través del desierto, ella demuestra que el destino es impredecible, pero es necesario influir en él y seguir el propio instinto salvaje.

Chery Strayed nació en Estados Unidos en 1968. Su primera obra Torch fue publicada en 2006, fue hasta 2012 con su autobiografía Salvaje que se convirtió en una autora de superventas. Asimismo, se realizó una adaptación cinematográfica del libro con Reese Whiterspoon como productora y protagonista.

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El árbol

El árbol
de Slawomir Mrozek
por Wellington Nelson
“La vida es sencilla, es sólo mi imaginación la que la complica sin necesidad.”
 (Pág )

El árbol es el nombre de uno de los cuentos que integran este volumen. En la colección de 42 cuentos ocupa el puesto justo después de El jardín. Slawomir Mrozek, polaco, quiso aprovechar incluso el orden dentro del libro para manifestar la simpleza, pues fuera del libro, se entiende que en un jardín puede haber un árbol.

Todos los cuentos expresan sucesos inconexos entre sí, lo cual deja libre la decisión de cuál se leerá primero. Se puede elegir uno al azar y en cualquiera de ellos pueden encontrarse manifestaciones de sarcasmo, ironía, subversión o quizás todos los elementos en un mismo relato.

El autor utiliza la erudición para nombrar algunos de los relatos e impregnarlos de un contenido alejado del nombre del cuento. Él quiere reírse del lector al predisponerlo con títulos sugestivos.

El narrador de las historias todo lo sabe acerca de los personajes y las situaciones. Habla con mesura y contundencia, puede saberlo todo dentro del libro, pero lo que no sabrá es cómo responderá el que está fuera del libro cuando se tropiece con la ironía y el sarcasmo en cada uno de los relatos.

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