Por el placer de escribir

Hace un mes SOPHOS tuvo el agrado de recibir a Fernando Grajeda para presentar su nuevo libro Un plan sencillamente perfecto. En esta ocasión, luego de la publicación, comparte su experiencia del placer por escribir.

por Fernando Grajeda*

Muchas personas me han confesado que tienen el sueño, el deseo o la gana de poder escribir un libro. Yo les digo que lo más importante es querer hacerlo (como todo en la vida). Pero también sé de primera mano que el aventurarse a retar a una hoja en blanco puede ser una tarea muy difícil porque mientras uno se enfrente a esa hoja en blanco surgen muchas preguntas como: ¿qué escribo?, ¿cuál es mi estilo?, ¿por dónde empiezo?, etc, etc, etc.

Es por eso que les sugiero (de mi propia experiencia y que no significa que sea la única “fórmula”) los siguientes pasos:

  1. Tener las ganas de escribir: aunque solo creas que escribes para ti y que solamente escribas en un diario cosas que crees que son “irrelevantes”, pero tienes esa gana de aventurarte a escribir un libro (lo publiques o no), no intentes hacerte el ciego ante este deseo en tu interior y ACTÚA!
  2. Realizar un curso de escritura creativa, periodismo, cuentos cortos, etc: para esto pueden investigar sobre cursos de escritura en universidades o academias en su país, o incluso existe la opción de hacerlo “online” con contrapartes internacionales. La ventaja de hacer un curso como éste es que le da al escritor las herramientas para poder ordenar sus ideas y aprender lo más importante de cómo desarrollar una historia, la creación de los personajes, mejorar las técnicas de descripción que es tan importante en la narrativa.
  3. Sé disciplinado/a y aprende a estar solo/a: lo más importante para poder empezar, desarrollar y finalizar un libro es tu disciplina como escritor. Aunque te tardes años en terminar tu historia, no la dejes de lado y cree en lo que escribes. Página a página podrás irte dando cuenta de tu crecimiento como escitor y si crees en tu historia, te dejarás llevar por la creatividad. Sin embargo, deberás “sacrificar” fines de semana, vacaciones, etc, y te verás aislado de la sociedad por momentos ya que todo escritor necesita de la soledad para poder inspirarse y crear.
  4. No sueñes con publicar… que sea lo que tenga que ser: personalmente nunca escribí con la intención de publicar, sino para poder demostrarme que yo era capaz de lograr esto. Creo que de esta forma nos quitamos presión y dejamos que la imaginación y la creatividad fluyan sin ningún tipo de expectativa. ¿Qué es lo “peor” que pueda pasar si no me publican mi trabajo?.  Lo “peor” que puede pasar es que te demuestres que eres capaz de lograr algo insólito en tu vida, que demostraste disciplina y paciencia alcanzando tu sueño. Y en el “peor” de los casos puedes imprimir 10 libros y compartirlo con la gente que más quieres y siempre quedará inmortalizado tu esfuerzo. Dependiendo del país donde vivas dependerá la oportunidad que tienes para publicar tu obra, pero inténtalo. Haz una búsqueda de las editoriales donde vives y ponte en contacto con editoriales en tu pais y en el extranjero. Lo que sí te recomiendo es que antes de enviar cualquier texto a alguna editorial que la registres en el Registro de la Propiedad Intelectual donde vivas porque es importante cuidar tus derechos como autor. Y si no es la primera obra que se publica y es tu pasión escribir, continúa escribiendo porque no lo haces para comer, sino porque es una pasión en tu vida que te realiza!!!
  5. No te compares con otro escritor, porque todos somos seres únicos en esta vida: uno de mis miedos al iniciar esta aventura fue que mi estilo fuera similar al de otro escritor, pero poco a poco me dejé llevar y creí en lo que escribía. Recordemos que cada ser humano es totalmente diferente, de otra forma… ¡qué aburrida sería la vida! Y además hay tantos temas y géneros sobre los que escribir que cada quien puede innovar y dejar su propia huella en el mundo literario.
  6. Escribe con el corazón y con la convicción que lo que escribes es TU obra: no hay nada más satisfactorio que poder ver (publiques o no) páginas impresas con tus palabras, de tu inspiración, de tu creatividad. Pero creo que todavía es más satisfactorio si lo que escribiste salió del corazón (sea una novela, un articulo o una historia de “thriller”) y que te sientas satisfecho de tus palabras, párrafos, capítulos… de tu libro. Y no hay nada más satisfactorio que poder compartir un mensaje (sea cual sea) con gente que te conoce y con la que no te conoce y que le puedas llegar a ellos al corazón. ESE es el mejor regalo que puede recibir un escritor: que tu mensaje le llegue a la gente. Y si no le llega, que por lo menos disfruten de la lectura.

Ojalá esto los ayude a sacar al escritor que hay dentro. Si alguien quiere conocer más detalles o preguntas que puedan tener respecto a esto, no duden en contactarme. Les dejo una fotografía de otro de mis grandes héroes: el ganador del Premio Nobel de la Paz y guatemalteco como yo, Miguel Ángel Asturias.

Un abrazo,

Fernando

 

 

 

*economista y escritor

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“Escuchar a los muertos con los ojos”

“Escuchar a los muertos con los ojos”, aquel verso de Quevedo que Roger Chartier evoca para reflexionar acerca del papel de lo escrito en Occidente, describe con justicia lo que hacemos cada vez que leemos: nos reunimos alrededor de esa hoguera imaginaria que se forma entre el libro y nosotros.

El Día del Libro, precisamente, nos permitió recordar y celebrar las historias, leyendas y mitos que seguimos escuchándoles a esos cadáveres tan exquisitos que nos hablan con tinta.

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Pasión por el libro

Hoy, en el Día Internacional del Libro, nos pareció oportuno celebrar al hijo más reciente de Carlos López, Pasión por el libro, por lo que nos complace presentarles la siguiente entrevista que le hizo José Luis Perdomo.

Nuestro compatriota Carlos Humberto López Barrios es maestro de Educación Primaria, licenciado en Estudios Latinoamericanos, en Lengua y Literatura Hispánicas y maestro en Literatura Iberoamericana por la UNAM, además de haber estudiado las licenciaturas en Derecho y Ciencia Política en la USAC, y la licenciatura en Historia en la UNAM. Ha trabajado durante 39 años en todos los niveles escolares tanto en México como en Guatemala.

Los poetas Carlos Illescas y Otto Raúl González se encuentran entre los innumerables latinoamericanos a quienes Carlos López abrió sus puertas en México. Carlos López, además, ha dirigido talleres de redacción, poesía, novela, cuento, dramaturgia, creación literaria y edición, a la vez que desde Praxis, la editorial que fundó en 1981, ha editado casi mil obras de autores de diversos gentilicios y ha estado al cuidado de más de 6 mil libros, tesis, revistas, folletos, etcétera.

Este año, recibió la Primera Orden Mario Monteforte Toledo que otorga la fundación homónima.

Su obra vasta y prodigiosa incluye ensayos, libros de calambures, libros de palíndromos y libros de poemas.

José Luis Perdomo: Para Borges (según el epígrafe con el cual abrís Pasión por el libro), un libro «encierra sonido y furia y noche y escarlata». ¿Qué encierra para vos?

Carlos López Barrios: Conocimiento, sabiduría, alegría. Cada libro encierra la nostalgia por el libro que vendrá.

JLP: «Los libros se hacen con luz», asegurás en la primera línea de la página 9. Pero —a la luz de tanto libro precocido para quedar bien con un jurado o con alguna editorial mercenaria—, ¿no se hacen también con miasmas?

CLB: Sí, así los hacen los mercenarios; también hay libros que se hacen con las tripas, con las flemas del alma, con la ceguera que provoca la melcocha refriteada; con lo negro biliar; con la fetidez de la purulencia y el flato de los indigestos de palabrería.

JLP: ¿Dónde deben buscarse los orígenes del libro?

CLB: En los tiempos más remotos. Los libros son una construcción mental. Los seres humanos desde que inventaron códigos para comunicarse, cuentan lo que pasa en el mundo. Todas las personas tienen historias en su cabeza a partir de su experiencia inmediata, así se forman los libros: con historias aisladas o con un conjunto de historias reunidas entre varias personas. Se afirma que Homero era un pueblo y que así pudo escribir la Iliada y la Odisea, a partir de la construcción colectiva.

JLP: ¿Cómo hiciste para sobrevivir tus primeras dos décadas de lector duro y puro en un sitio ampliamente hostil al libro, como sigue siéndolo la optimistamente llamada «República de Guatemala»?

CLB: Es una contradicción que donde más se pregona una república legal no se instaure la república legítima, verdadera, de las letras. Pero más difícil de entender es que se acepte de manera dócil la cultura impulsada por el estado y que no se critique el elitismo de sus instituciones. ¿De qué sirven el Ministerio de Educación y de Cultura y Deportes en un país que no se preocupa por llevar libros a todos los rincones del país, en un país de analfabetas y de alfabetizados que leen pura basura o no ilan entre frases? Ofende que existan esos organismos inútiles. Si eso se vive ahora, con tanto adelanto, imaginate el escenario de hace medio siglo. La Biblioteca Nacional ya estaba desmantelada desde entonces; las únicas librerías a las que teníamos acceso los pobres eran las que venden libros usados y el instituto donde estudié magisterio no tenía biblioteca, tampoco la Facultad de Derecho. Como podía, compraba ediciones malísimas de libros antiguos y fui armando mi pequeña biblioteca que fue desmantelada cuando salí del país. Haber leído muchos libros clásicos fue una bendición, pero no tenía acceso a nada del pensamiento moderno y contemporáneo.

JLP: ¿En qué radica la importancia de Johannes Gensfleisch de Sulgeloch para el libro?

CLB: En haber traído a Occidente los principios de impresión que habían inventado los chinos a principios del primer milenio de nuestra era. (Se atribuye a Bì Shēng haber inventado el tipo móvil de porcelana entre 1041 y 1048). Aunque hay testimonios de historiadores holandeses y franceses que atribuyen la técnica de impresión utilizada por Gutenberg a paisanos suyos asentados a la orilla del río Rin, la estética y el cuidado puestos en la impresión del primer libro salido de sus prensas, la Biblia de 42 líneas, es insuperable y deja atrás otros trabajos datados por esa época. Ésta es tal vez la causa por la que se considera a Gutenberg el padre de la imprenta occidental. Como se puede apreciar, la estética juega un papel principal para considerarlo así.

JLP: ¿Por qué en Pasión por el libro aparece Biblia en itálicas, si en casi todos lados aparece en redondas?

CLB: Porque es el título de un libro y según nuestros criterios editoriales los nombres de libros se escriben con cursivas. Los manuales que establecen escribir Biblia con redondas no son convincentes, siguen criterios religiosos más que de sentido común y de estética, y sólo confunden a quienes deberían facilitar la lectura.

JLP: ¿Qué opinión te merecen los libros que, por las prisas, no traen ni colofón?

CLB: Este aparente descuido nada tiene que ver con las prisas; es una costumbre que se ha perdido por cuestiones comerciales, de mercadeo, de no otorgar los créditos debidos. Es también otra forma de burlar la ley. Los malos editores son los peores en cuidar estos detalles que le dan seriedad a una publicación.

JLP: ¿En cuál época el libro fue abiertamente «clasista»? Si mirás los precios en la mayoría de librerías, ¿no es como para concluir que sigue siéndolo? ¿No te ha sucedido que precisamente el libro que más te interesa resulta ser el más caro y por añadidura el que no podés adquirir?

CLB: Fue clasista hasta los incunables, en términos latos, porque el libro era para las cortes y sus allegados, las iglesias y los nobles. En términos económicos, tenés toda la razón: el libro sigue siendo inalcanzable para la mayoría explotada del mundo. Es un artículo casi de lujo que muy pocos pueden obtener.

JLP: ¿Por qué el tiro promedio de un libro es de mil ejemplares?

CLB: Desde los tiempos del pionero de la imprenta en Venecia, Aldo Manuzio, ese tiraje es el promedio en muchos países. Lo más grave es que ahora, con los adelantos para reproducir libros, algunos impresores hacen tirajes de 50 ejemplares y ya lo consideran una cantidad excesiva. En México hay varios negocios de éstos. Excepto los best-sellers o los libros vendidos antes de entrar a prensas por las componendas de las transnacionales del libro con los gobiernos en turno, esa cantidad de ejemplares impresos desde hace más de 500 años va a la baja, lo que confirma la vocación de cangrejo que tiene el ser humano.

JLP: En la página 17 de Pasión por el libro señalás que «los escritores de América Latina sienten coronada su labor cuando les publican en España o en los países donde tienen subsidiarias las transnacionales del libro». En Colombia a este síntoma se le etiqueta de «corroncho». ¿Cómo lo retiquetan en México?

CLB: No encuentro equivalente en México para corroncho. Lo que quise señalar es que muchos autores escriben para tener fama y su máxima aspiración es publicar en editoriales grandes por su tamaño y que tienen buena distribución, que publican a quienes venden mucho o a quienes tienen calidad, para ellos equipararse con los exitosos. Lo triste a veces es que cuando lo consiguen, como sea, vendiendo su alma y su cuerpo al diablo, estos autores se la pasan molestando a todos sus conocidos para que corran a la librería a comprar su libro o van ellos a autocomprarse, para que la editorial no los dé de baja y no queden como toda su cara. Dan ternura.

JLP: «Si un libro no nos seduce, hay que dejarlo de lado», indicás en la página 21. ¿Cuáles has hecho a un lado en lo que va de 2012?

CLB: De los que leo por gusto, ninguno. Si algo he aprendido con los años es a valorar mi tiempo y a seleccionar mis lecturas. De los que leo por obligación no llevo la cuenta, pero son cientos.

JLP: En el mismo lapso, ¿cuáles has leído «sin interrupción» y cuáles «sin tregua» (según la clasificación de Neuman)?

CLB: Sin interrupción, La obra maestra desconocida, de Honoré de Balzac; sin tregua, Los ojos de Davidson, de Herbert George Wells.

JLP: «La relación que se establece con un libro que importa es para toda la vida», aseverás en la página 23. ¿Con cuáles libros has tenido esta relación en medio siglo?

CLB: La lista es un poco larga. Para abreviar, te diré algunos autores: Jorge Luis Borges, Fernando Pessoa, Walt Whitman, William Shakespeare, James Joyce, Robert Walser, Karl Kraus, Theodor Fontane, Heinrich von Kleist, Karl Marx, Federico Engels…

JLP: ¿Coincidís con Steiner en cuanto a que «la lectura es un modo de acción»?

CLB: Por supuesto, porque pone en acción todos nuestros sentidos. La lectura  es una forma de rebeldía ante el avasallamiento cotidiano en todos los frentes.

JLP: ¿Quién ha sido «el mayor asesino de libros en toda la historia planetaria»?

CLB: La iglesia, los gobernantes, los conquistadores (en ese orden), que no sólo han destruido libros sino cualquier manifestación artística. Cuando no destruyen, roban. La acumulación de los tesoros de la creación humana en los países conquistadores de Occidente es producto del saqueo. El más reciente atraco en contra de la civilización más antigua del mundo lo cometió Estados Unidos en Iraq.

JLP: ¿Cuál es «tal vez el único texto que habría que chamuscar junto con sus autores»?

CLB: El index de libros prohibidos y sus defensores.

JLP: ¿En serio hay o hubo libros encuadernados «en piel de mujer»?

CLB: La bibliopegia antropodérmica fue una práctica constante hasta tiempos recientes. Alcanzó su máximo apogeo en el s. xvii y muchos ejemplares encuadernados con piel humana se encuentran en bibliotecas privadas, como se puede documentar en Bibliopegia or the Art of Bookbinding, in All its  Branches, de John Andrews Arnett, Londres, 1835.

JLP: ¿En serio El principito fue considerado «material subversivo»?

CLB: Fueron varios títulos, no sólo El principito, los que la junta militar golpista argentina prohibió. Desde el golpe militar en marzo de 1976, la censura examinó el material dirigido al público infantil y concluyó que El principito, de Antoine de Saint-Exupéry, era material subversivo porque alentaba en los niños una «ilimitada fantasía». El 15 de octubre de 1977, Jorge Rafael Videla determinó la prohibición de cuentos para niños. En el decreto 3155/77 se ordenó el secuestro de todos los ejemplares de estos libros que estuvieran en circulación (afp, eltiempo.com, 28 marzo, 2006).

JLP: Disculpá el exceso: ¿cuáles libros «mordieron» y «arañaron» a sus lectores en el siglo xx?

CLB: Hubiera sido bueno que Kafka nos dijera cuáles. Para seguir con la enumeración que empecé líneas arriba creo que hay que añadir a Dostoievski, Kafka, Cervantes, Homero, los autores de la Biblia, de las Mil y una noches, del Gilgamesh, Mahoma, Valmiki, Omar Khayyam, Basho, Li Po, Shaw, Swift, Séneca, H.G. Wells, Chesterton, Dickens,  que no sólo marcaron a sus beneficiados lectores en el siglo xx y los precedentes, sino a los de los siglos por venir.

JLP: De acuerdo con las orientaciones de Wilde en el siglo antepasado, ¿cuáles libros «no hay que leer nunca»?

CLB: Las Estaciones, del poeta escocés James Thomson; «todos los santos padres, excepto san Agustín»; todo lo del filósofo inglés utilitarista John Stuart Mill, menos el ensayo Sobre la libertad; «todo el teatro de Voltaire, sin excepción alguna»; la Historia de Inglaterra, del filósofo e historiador escocés David Hume; «todos los libros de argumentación y todos aquellos en que se intenta probar algo». Por supuesto, hay que contextualizar los gustos del autor de la Balada de la cárcel de Reading, para tener misericordia de su parecer literario.

JLP: Si de los muchos libros nace la confusión (como dice la Biblia) y una multitud de libros disipa el espíritu (según Séneca, por vos citado en la p. 43), ¿para qué abrir el siguiente?

CLB: Para buscar hasta el final desvanecer la confusión o aprender a vivir gozosos con ella. Debe ser muy aburrido vivir con la verdad y no cuestionar los dogmas, los cánones, los paradigmas. Prefiero la confusión a que me conduce conocer muchas visiones del mundo si eso me crea un espíritu crítico que vivir sometido a una sola idea. Es mejor que mi espíritu desaparezca si nace uno nuevo después de muchas lecturas. Esta afirmación de un hombre tan lúcido como Séneca es sorprendente.

JLP: Según datos que incluís en las p. 49-53, de la primera edición de Rojo y negro de Stendhal sólo se vendieron 20 ejemplares y de la primera edición de Historia de la eternidad de Borges sólo 37, mientras que los libros de Corín Tellado y los de Rowling se han vendido por millones. Ante estas cifras, ¿sería injusto recordar el proverbio de Salomón que reza que «el número de tontos es infinito»?

CLB: Es justo completarlo: «y se reproducen como conejos en todas las épocas». Es tal su inmortalidad que cuando todo se acabe, debajo de las piedras aparecerá uno gritando que ha vencido.

JLP: ¿Cuáles libros deberían leerse «con malicia» y cuáles «de sobremesa»?

CLB: Todos deben leerse con malicia; no debemos concederle el beneficio de la duda a ninguno hasta que nos convenza que tiene algo importante qué decirnos. Entre los libros que deben leerse de sobremesa, están los religiosos, los de política, sociología, economía, historia y los de autoayuda y superación, pero corremos el riesgo de que nos caiga mal la comida.

JLP: ¿Deben ser considerados «editores» quienes ven en el libro «unidades, piezas, mercancías, objetos, algo que deja o no deja ganancias»?

CLB: Ése es el nombre con que se autodenominan los mercaderes del libro. Editores casi no hay.

JLP: ¿La trilogía constituida por tus libros Redacción en movimiento, Helarte de la errata y Pasión por el libro debería ser vista como tu homenaje permanente a los libros vivos?

CLB: No hice esos libros con tal fin; son el resultado de mi preocupación y curiosidad permanentes por todo lo que tiene que ver con la palabra y su máxima expresión, el libro. Es una interpretación generosa de tu parte. Nada me enorgullecería más que rendir homenaje con mi trabajo a los libros.

 

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Cuestionario Hitch para Carlos López

Christopher Hitchens descubrió que había dos cuestionarios Proust circulando independientemente por todas partes. Decidió fusionarlos y contestarlo. A esa fusión llamamos nosotros el “cuestionario Hitch”.

Dante Liano tuvo el honor de ser el primero, después de Hitchens, en contestarlo.  Jean-Marie Simon lo respondió también recientemente. Y ahora es el turno de Carlos López:

¿Qué es el colmo de la desdicha?

Un mundo sin libros, sin imaginación, sin arte; lo peor es sólo sobrevivir. Pero lo peor es ver tanta rapiña en el mundo, tanta miseria, y que el dinero que debiera emplearse en salud y educación se usa para la guerra, para el saqueo de las naciones y el empobrecimiento de la gente. Ver el cinismo con que Estados Unidos se proclama una democracia y es el estado más fascista y vil del mundo.

¿Cómo le gustaría vivir?

Con libros, cine, música y pintura; con sueños y trabajo, con alegría.

¿Cuál es su idea de felicidad en la Tierra?

Que cada uno tenga libertad de elegir su modo de ser feliz. Que no haya gente que se muera de hambre.

¿Qué pecados le inspiran más indulgencia?

Los que se cometen sin conciencia.

¿Cuáles son sus personajes favoritos de ficción?

Scherezada; los mudos de El corazón es un cazador solitario y de El obsceno pájaro de la noche.

¿Cuáles son sus personajes históricos favoritos?

Los seres anónimos que ni siquiera registra la historia oficial, pero que han luchado por defender sus ideales. La generala Juana Azurduy Padilla, las adelitas de la Revolución Mexicana, las patronas de Amatlán de los Reyes, Veracruz; Pancho Villa, Emiliano Zapata, Che Guevara, Ignacio López.

¿Cuáles son sus heroínas en la vida real?

Las maestras que enseñan en cualquier lugar y circunstancia sin importar el sueldo. Las que van tras lo que quieren, con espíritu indómito, convencidas de lo que son.

¿Cuáles son sus heroínas de ficción?

Madre Coraje, las mujeres de Almodóvar, Deborah (la niña y Elizabeth Mc Govern), en Érase una vez en América.

¿Su pintor favorito?

Vincent van Gogh, por su poética del color, por su mirada profunda, por la magia de su paleta.

¿Sus músicos favoritos?

Mahler (su quinta sinfonía es sublime), Bach, Mozart, Syd Barret, Roger Waters, Bryan Ferry, Ennio Morricone, Zbigniew Preisner.

¿La cualidad que más admira en un hombre?

Su sentido común y de justicia.

¿La cualidad que más admira en una mujer?

Su inteligencia, su humor.

¿Su virtud preferida?

La honestidad.

¿La virtud que menos le gusta, o la más sobrevalorada?

La caridad, porque las grandes compañías transnacionales, evasoras fiscales, se abocan a la filantropía al ver que la caridad en los países pobres es un negocio multimillonario. La fe, porque de ella se valen los comerciantes, las iglesias, los políticos, los malos escritores. La caridad y la fe son convicciones subjetivas, qué bueno que existen, lo indecente es la manipulación en nombre de ellas.

¿De qué logro está más orgulloso?

De ninguno.

¿Su ocupación favorita?

Leer.

¿Quién le habría gustado ser?

Iba a decir que yo, el mismo, pero creo que ni eso. Me hubiera gustado no nacer.

¿Cuál es su característica principal?

La intransigencia.

¿Qué es lo que más aprecia de sus amigos?

Su sabiduría, su lucidez, su misericordia, su pasión.

¿Cuál es su principal defecto?

Aburrirme y no saber esperar.

¿Cuál sería la mayor de sus desgracias?

Perder mis libros, mis películas, mi música, mis pinturas.

¿Qué le gustaría ser?

Músico.

¿Cuál es su color favorito?

Azul.

¿Cuál es su flor favorita?

Todas. Son lo más hermoso de la creación; nos alegran la vida. Por eso me molesta tanto que las corten. Los floristas deberían llorar cada vez que asesinan una flor.

¿Cuál es su pájaro preferido?

El colibrí, y el loro por sus ganas de aprender a hablar, sin saber lo que le espera.

¿Qué palabra o expresión utiliza demasiado?

Mmmmm.

¿Quiénes son sus poetas preferidos?

Borges, Pessoa, Whitman, Szymborska, Loynaz, Maiakovski, Baudelaire, Bukowski, Shakespeare, Ezra Pound

¿Qué autores en prosa le siguen haciendo compañía?

Borges, Hemingway, Shaw, Wells, Faulkner, Poe, Dostoievski, Kafka, Joyce, Bioy

¿Cuáles son sus nombres favoritos?

Manuel, Pablo, Rosa, Matilde

¿Qué es lo que más le disgusta?

La estupidez humana, los lugares comunes, esperar.

¿Qué figuras históricas le inspiran más desprecio?

Hitler, Franco, Mussolini, Pinochet, Castillo Armas, Somoza, la lista de sátrapas ocuparía muchas hojas.

¿Qué figuras contemporáneas le inspiran más desprecio?

George Bush (padre e hijo) y todos los peleles de la Casa Blanca mal llamados presidentes que ni a gerentes de empresas transnacionales llegan, son sólo los encargados del servicio, sean del país que sean.

¿Qué acontecimientos de historia militar le producen más admiración?

Los que se hacen contra el imperialismo. En el caso de América Latina, todas las luchas de liberación: desde que las etnias aborígenes resistieron y combatieron al invasor hasta los movimientos revolucionarios del siglo xx donde también participaron etnias dignas a las que nunca se les ha devuelto lo robado ni se les ha hecho justicia.

¿Qué talento natural le habría gustado poseer?

Saber pintar.

¿Cómo le gustaría morir?

Solo, rápido; ojalá se me conceda acostarme a dormir y ya no despertar.

¿Qué es lo que más le disgusta de su apariencia?

Todo.

¿Cuál es su lema?

El dilema se queda en lema.

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Los evangelistas del lector

Por Arturo Castillo*

Desde hace algunos años me he querido hacer creer que no tengo religión alguna, lo que no conlleva a una falta de fe o una vida sin creencias. Al final llegue a la conclusión de que religión y creencia no tienen necesariamente la estrechísima conexión que se nos ha querido imponer desde chicos. Decidí, dejando mis creencias y las dudas que estas traen aparte, que la religión que profesaré será la que he seguido por algún tiempo ya; la religión del lector. Como cada religión, debe tener un libro o libros sagrados; los musulmanes el Corán, los judíos la Torá y los cristianos la Biblia. En ese ámbito, los lectores partimos con una gran ventaja, los lectores tenemos la libertad; libertad de escoger nuestro o nuestros libros sagrados y empezar a profesar nuestra religión (que repito, no tiene que ver con la fe) como a nosotros se nos haga más cómodo y placentero. Para empezar a armar nuestra ¨Biblia¨ particular necesitamos evangelistas y he aquí algunos candidatos al puesto de evangelistas del lector.

William, Miguel, Homero y John. Cuatro nombres que de por sí no nos dicen mucho, talvez acaso uno traiga a la mente un personaje de piel amarilla que hace reír como profesión. Estos cuatro hombres me han dado mi doctrina, mis dosis completas de romanticismo, comedia, drama, heroísmo y fantasía. Son estos los que me han dado, a mí como a muchos otros, largas horas de entretenimiento sin discriminar horario, clima o condiciones de iluminación. A algunos les sonarán más conocidos nombres como Juan, Pablo, Mateo y Marcos. Aquellos que trajeron palabras de fe, historias en las cuales creer, dogmas y normas que nos rigen en el día a día. En lo personal prefiero tener la capacidad de escoger entre historias infinitas y diferentes a leer la misma historia en diferentes versiones. Espero que quede claro que la intención no es despreciar a nadie por sus gustos, creencias y preferencias. Al final todos y cada uno nos cuentan algo, a todos los hemos leído o los iremos a leer si se nos da la gana. Luego que cada quién elija lo que quiera creer y lo que no, la libertad es lo primordial.

William nos transporta a una Verona donde dos amantes luchan contra el enemigo más implacable de todos, su propia sangre. Aquellas almas jóvenes que se entregan a un sentimiento tan puro como despiadado y paran dejándolo todo por la devastadora e impensable idea de vivir el uno sin el otro (¨morime contigo si te matas, matarme contigo si te mueres¨) Habla de príncipes Hamlet y Sueños de una noche de verano. Nos da con qué reír y con qué llorar, todo enfocándose, a pesar de algunos elementos fantásticos, en la naturaleza del ser humano. Miguel nos presenta a un hombre, más que caballero, más que loco, un hombre. Con dudas e ideales se lanza a la aventura de su vida, dejando atrás todo por su amada Dulcinea. Mientras Sancho es la perfecta analogía para demostrar que un verdadero amigo te puede seguir hasta en las situaciones más irreales y fantasiosas, el buen amigo como un buen escudero. Y qué decir de las gestas de los héroes de Homero, uno más fuerte y valiente que cualquiera, el otro en el viaje (no sin dificultades) de regreso a casa. Peleando junto y contra dioses son los precursores de un mundo lleno de poesía y literatura, no lo suficientemente apreciada a mi gusto. Y por último John o como se le conoce más comúnmente J.R.R, ese que nos creó un mundo entero, con idiomas completos a nuestra disposición, ese que supo tan bien combinar lo romántico de Shakespeare, las aventuras de Cervantes y las heroicas historias de Homero.

Muchos otros pueden ser mencionados: Bécquer, Cortazar, Darío, Wilde, Poe, Bennedetti, Whitman e infinidad más. La Biblia del lector se compone de acuerdo a las necesidades del fiel, no el fiel de acuerdo a las necesidades del libro. Eso me atrajo inevitablemente a un mundo a la vez tan cercano y alejado del propio, por eso la lectura es mi religión. No critico la fe de nadie ni si creen en la ira de su dios, tampoco esos frenéticos temblereques en la televisión. Te respetaré en todo momento mientras tú me respetes de la misma forma. Mientras tanto calla, que estoy leyendo.

*Lector desde que tiene memoria. Almuerza libros entre semana. Surgió la aspiración a escritor a los 23 años.  Cuando encontró entre líneas un escape, una compañía inigualable y sobre todo un estilo de vida junto a las letras.

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Sophos y su Tienda Virtual

Iván, de Sin tinta ni papel, ha tomado nota que SOPHOS ha puesto a la venta e-books en su portal, y anota acertadamente que nuestra navegación tiene campo para mejorar.

Estamos trabajando en ello y esperamos poder cumplir con el deadline que nos puso!

Por otro lado, Iván nos sugiere apoyar a los autores guatemaltecos que vayan saliendo en E-books. Vale la pena anotar que todos los e-books de autores guatemaltecos en español ya están disponibles en SOPHOS:

El ángel literario, de Eduardo Halfon

Rendición de cuentas, de Juan Alberto Fuentes Knight

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Conectando con el lector

Por el placer de leer. Para SOPHOS, el libro, trasciende desde los libros electrónicos (e-book), los talleres de lectura al concepto de libro abierto.
Son maneras de conectar a ese placer. Maneras de conectarse con el lector y la sociedad.
Le invitamos a ver el episodio 75, Conectando con el lector, de Entrémosle a Guate.

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Países Lejanos

por Rosina Cazal*

Hace un año con exactitud se presentó en la librería Sophos una novela del escritor guatemalteco William Spindler. Días atrás, viendo la noticia del golpe de Estado en Mali, me entró una inquietud aterradora, aquel libro no tuvo la resonancia que se merece y ahora intento remediar en algo ese vacío. Con William nos conocimos hace treinta años y solo nos reencontramos con esta publicación apoyada por Magna Terra. Como envuelto con una cinta de Moebius, me llegó su libro que es producto de su propia experiencia en África. Su título: Países lejanos. Su estructura: la suma de una serie de crónicas de viajes donde se entremezclan las vidas de exploradores y mercenarios de distintas épocas, de princesas y piratas con periodistas contemporáneos. Entre Simbad El Marino y el Che Guevara, la novela gira alrededor de un misterio y la búsqueda de una explicación al asesinato de un militar latinoamericano del contingente de las Naciones Unidas; por la cual el mismo Spindler ha transitado. Es en la convivencia aparentemente dispar de sus personajes donde se abre la gran paradoja del libro: ¿hasta qué punto es posible hacer una literatura de viajes que no sea imperialista sino solidaria?

En el vaivén de confusiones de tiempos y verdades históricas el autor nos aporta una percepción más cercana de ese territorio vasto que por siglos, y de manera muy torpe, el mundo ha simplificado. De hecho, para escapar pronto de la obviedad, el libro comienza con una escena que recrea uno de los grandes arquetipos africanos: la violencia de la naturaleza traducida a través de la imagen de un hombre devorado por cocodrilos hambrientos. Con esta, el arma feroz del humor e incluso me atrevería a decir la de la autocrítica, sirven para colocarnos frente a un combate moral, social y político, y así prepararnos para recibir los capítulos de desenfreno y violencia que llegaron a connotar a países como Ruanda.

Es un libro que merece la pena abordar sin brújulas. Lo enriquecedor viene de cierto destino azaroso, donde el tiempo no es fijo e inalterable “sino creado constantemente”. Spindler no busca deslumbrar con su conocimiento sobre el territorio o establecer una cátedra tipo Discovery Channel. Más bien, en una configuración de eventos extraños, donde sucumbe cualquier sentimiento altruista, invitar a una lectura despojada de todo aquello que preconcebimos bajo el nombre África.

*http://www.elperiodico.com.gt/es/20120411/lacolumna/210611/

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Librería Sophos se estrena en el mercado de ebooks*

Sophos se convierte en la primera librería de Centroamérica en saltar hacia el mercado electrónico, al ofrecer ebooks (libros en formato digital) para dispositivos e-readers (lectores de tina electrónica) compatibles con el gestor y lector Adobe Digital Editions. 

 

 

POR AGUSTÍN ORTIZ Ciudad de Guatemala, Guatemala

Philippe Hunziker, gerente comercial de Sophos, anunció que a partir de este mes estará disponible en la tienda en línea de la librería 23 mil 209 títulos ebooks en español almacenables y legibles en los dispositivos Papyre, que también la librería ofrece en los modelos 6.1 v3 y 613 wifi.

Actualmente, poco más de 100 librerías en el mundo (entre virtuales y físicas) distribuyen contenido digital en castellano. De estas, solo 24 lo hacen desde Latinoamérica, y de las mismas, ocho son empresas tradicionales (que además de una tienda física tienen una online), explica Hunziker.

“La tendencia, sin embargo, es al crecimiento, y en Guatemala, Sophos tiene ya disponible el 905 de los títulos publicados como ebooks en castellano. Una proporción importante del 10% restante será incorporado durante marzo al catálogo digital”, dice el gerente comercial de la librería.

Para Raúl Figueroa Sarti, director de F&G Editores, el salto de las casas editoriales hacia la producción y distribución digital, supone un reto, sobre todo, en un mercado de lectores con cultura de compra y poder adquisitivo diverso.

En el catálogo de Sophos, el primer y hasta ahora único ebook guatemalteco disponible es Redición de cuentas, de Juan Alberto Fuentes Knight, editado precisamente por F&G Editores.

Figueroa Sarti, sin embargo, adelanta que al menos otros 13 títulos de autores guatemaltecos ya está listo para distribuirse digitalmente, y que hasta ahora, la vista está puesta en el mercado internacional de lectores.

Los títulos previstos para formato electrónico son: Con pasión absoluta, de Carol Zardetto; Crónicas para sentimentales, de Jacinta Escudos; Derechos humanos: una aproximación ética, de Jorge Mario Rodríguez, ¿El en umbral del posneoliberalismo? Izquierda y gobierno en América Latina, de Carlos Figueroa Ibarra; Espirales, de Javier Mosquera Saravia; Guatemala, causas y orígenes del enfrentamiento armado interno; La masacre de Panzós, de Victoria Sanford.

También están Las flores, de Denise Phé-Funchal; Los compañeros, de Marco Antonio Flores; Los locos mueren de viejos, de Vanessa Núñez Handal; El movimiento maya en la década después de la paz, de Santiago Bastos Amigo y Roddy Brett; Sierra Madre. Pasajes y perfiles de la guerra revolucionaria, de Pedro Pablo Palma Lau; y Las huellas de Guatemala, de Gustavo Porras.

 

*http://www.prensalibre.com/economia/libreria-Sophos-ebooks-libros-formato-digital-e-readers_0_663533857.html

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Jose Luis Perdomo entrevista a Jean-Marie Simon

Una versión resumida de esta entrevista fue publicada en ElAcordeón (de ElPeriódico), el domingo 25 de marzo. A continuación le proponemos leer la versión integral de esta entrevista que JL Perdomo Orellana le hace a Jean-Marie Simon.

En la página 268 de la 3ª edición del libro de Jean-Marie, el arzobispo Penados del Barrio señala que “en Guatemala, algunas veces usted ve algo, pero no dice nada, porque usted no se quiere morir”.

Al otro extremo de generaciones enteras de retrecheros, Jean-Marie –con sus cámaras Olympus (OM-1 y OM-2) provistas de lentes de 28 y 50 milímetros— vino, vio, dijo lo que vio y sigue diciéndolo. Al olvido le consta; y también a quienes manipulan tanto sus propios palimpsestos como los ajenos.

JL Perdomo Orellana

Mucho antes de estar de este lado de una cámara, usted estuvo enfrente. ¿Cuáles fotografías guarda de ese tiempo y dónde se las tomaron?

Esas fotos son todas familiares. No creo que le interesen a nadie más que a mi familia. Hasta los 12 años no me gustaba que nadie me tomara fotos: mi abuela siempre me exhortaba a sonreír.

Entrando en la eterna primavera tiranizada eternamente, ¿por qué su nombre aparece en letras tan pequeñas, si es usted la que da grandeza a un lugar tan pequeño como éste?

Ya se sabe de quién es mi libro. ¿Para qué jactarme más con letras que chillan mi nombre? Además, no me gusta que un artista haga sobresalir su apellido o su imagen a cada instante con la excusa de que es “parte íntegra del tema”. Es fácil entender el tema sin que los gringos siempre estemos en primera fila.

¿Qué vio en el momento de captar la expresión de la muchacha que parece bailar a la fuerza en la portada? ¿Qué ve hoy?

Estuve en Nebaj con un equipo de filmación; estábamos rodando Titular de hoy: Guatemala (Mikael Wahlforss, Epidem, Finlandia, 1983), un documental sobre la época. Asistimos a un baile que paradójicamente conmemoraba la independencia de Guatemala: el 15 de septiembre. Ahí estaba el ahora presidente Pérez Molina, comandante del destacamento de Nebaj. La luz era muy baja y al sacar las fotos –yo tomo muy pocas, si no me gusta lo que veo, desisto después de 3 o 4  tomas– temí que no hubiera suficiente iluminación. Después, vi que tuve suerte.

¿En cuál momento, en cuál fotografía, tomó la decisión de agruparlas en un libro?

No fueron las imágenes sino las palabras lo que me impulsaron al proyecto de un libro. Durante la década que trabajé en Guatemala, quizá lo que menos hice fue tomar fotografías. Mi trabajo diario era para Human Rights Watch/Americas (HRW). Desde 1982 hasta 1988, cuando regresé a EEUU, HRW me contrató para escribir informes; acompañar a miembros de su junta, a congresistas, y a personas interesadas en ayudar a las pocas organizaciones populares que operaban, para que conocieran Guatemala. Además  trabajaba para Amnistía Internacional: me mandaban a su sede en Londres a trabajar con un equipo experto en el Istmo, actualizando su información sobre Guatemala.
Lógicamente, tomé centenares de testimonios: una semana me iba en camioneta a Nebaj y a la otra, estaba entrevistando al mandatario. Para 1984 me di cuenta de que el material escrito complementaba las fotos –o quizá al revés– y ahí se sembró la idea de elaborar un libro.

Desde la entrada asevera usted –muy modestamente– que quizá el “máximo valor” de las imágenes agrupadas en casi 300 páginas “reside en el hecho de que existen”.  ¿Por qué no agregar que otro de esos máximos valores es el valor que usted tuvo para captar esas imágenes?

No era ni valor ni heroísmo ni coraje lo que me llevó a sacar las imágenes. Era el simple querer captar lo que yo presenciaba. En otras palabras, era una exagerada curiosidad. De niña yo había sido tímida, y la cámara era una forma de enfrentarme y protegerme a la vez. Enfrentarme, porque no puedes sacar una foto estando lejos, y protegerme porque un fotógrafo no tiene pinta de una persona amenazadora. Es una tontita con un su juguete marca Leica. Además, y como mencioné anteriormente, jactarse uno de su producto so pretexto de “avanzar la causa guatemalteca”, volviéndose uno el príncipe azul gringo, es de suma arrogancia.

En la contraportada, el escritor Francisco Goldman habla de la tenacidad de usted como “uno de los logros individuales más heroicos, valientes y compasivos en la historia de la expresión artística”. ¿No se trata, además, de un logro colectivo?

Si usted habla de un logro colectivo en cuanto a la expresión artística fotográfica en general, pues, claro. Yo no soy nadie. Tampoco me considero artista. Si usted habla del número de fotógrafos que tienen imágenes de los años ochenta en Guatemala, difícilmente se lo puede caracterizar como un “logro colectivo”, debido a dos fenómenos. Primero, hasta 1984 no había muchos fotógrafos extranjeros en Guatemala; ni a la Time ni al Miami Herald les interesaban Guatemala a menos que hubiera elecciones, un golpe o un enlace con la política exterior. Los fotógrafos que venían a Guatemala sabían que sacar fotos del EGP o de las patrullas de autodefensa civil no era rentable. Si yo me destaqué, como dice Frank, no fue por la calidad del producto en sí, sino por mi voluntad de sustituir ingresos por imágenes que yo consideraba importantes.

Segundo, los fotógrafos nacionales: si un fotógrafo nacional se hubiera atrevido a salir con la guerrilla y luego a publicar sus fotos, su destino dos días después sería la muerte o el exilio. Le doy un ejemplo. Para las elecciones de 1982, los medios habían contratado a decenas de periodistas para que cubriesen el día del voto. La revista Time me contrató a mí. Sin embargo, para el día 7 de marzo, en vez de estar contando moscas alrededor de las urnas capitalinas, yo con mi caradura de 27 años había salido hacia el Frente Luis Turcios Lima del EGP, en Mazatenango. Como a la Time no le importaba un bledo la guerrilla guatemalteca, me despidieron.

Dos semanas después, saco menos de tres rollos de película de un golpe bastante tranquilo y una rueda de prensa muy extraña, y me regreso al hotel. Ahí me llaman de EEUU y me preguntan dónde están las fotos. Les digo que están conmigo: el golpe fue fotográficamente aburrido y la rueda de prensa, bueno: Ríos Montt a todos nos parecía un loco bipolar. Sin embargo, ahora me dicen que vaya corriendo al aeropuerto a meter la película en un vuelo a Miami. Corro al sótano de La Aurora, meto los tres rollos en la bolsa anti-rayos X, en el vuelo Pan Am de las 6 de la mañana, y, gracias al golpe de Ríos Montt, ya tengo recursos para quedarme en Guatemala.

Epílogo: Vuelvo a EEUU ese verano. Mi jefe en Time me saca a almorzar. Me siento muy satisfecha hasta que él me dice que si el golpe de Ríos Montt hubiera ocurrido una semana después, es decir, en abril, mis fotos no habrían valido nada, porque entonces estalló la famosa guerra de las Malvinas. Uno se siente chiquito después de bañarse en la realidad “comercial”.

¿Con quiénes de los fotografiados se ha reencontrado y de qué ha servido el reencuentro?

Con poquísimos. En la primera edición, la de 1988, era de facto prohibido publicar la foto de una persona que viviera en Guatemala y que tuviera una vida pública o, mejor dicho, que no viviera en la clandestinidad.  Con las últimas ediciones, las de 2010 y 2012, por fin logramos poner algunas fotos, como la de Amílcar Méndez, el organizador del CERJ, y la de sor Carlota Castillo, una monja guatemalteca que me brindó tiempo y amistad en el convento de Rabinal, en 1983, después de las masacres de Xeatsán Bajo y Plan de Sánchez. Ella me trajo gente sobreviviente de esas matanzas y sus testimonios formaron la base de los informes que publicamos en HRW.

Ustedes, los de entonces, incluida usted, ya no son los mismos (como más o menos dejó dicho Pablo Neruda). ¿Quisiera contarnos qué ha sido de algunos de ellos y qué ha sido de usted, tres décadas después?

Si usted se refiere a las personas en el libro, bueno, Amílcar Méndez sigue luchando tanto profesional como personalmente. Hace cinco años le mataron a su hijo Pepe, un crimen que nunca fue resuelto. Y ahora han detectado que Amílcar tiene un tumor benigno, así que él y su familia han experimentado más de una pesadilla a lo largo de los años.

Sor Carlota, mi amiga de Rabinal, está viva, y trabaja en Honduras.

El padre Maryknoll, Daniel Jensen, quien ahora sale en la tercera edición del libro, está vivo. Espero poder verlo en California este año. Él fue mi primer contacto en Guatemala, en esa época en que casi todos huían y pocos querían arriesgarse a hablar con una fotógrafa gringa.

Algunos miembros del GAM se han mantenido en contacto conmigo, tanto como algunos sindicalistas y periodistas.

Algunos militantes de la ORPA son amigos míos y se han reintegrado a la vida pública.

El ex presidente Cerezo y yo seguimos en contacto. Hace poco, vio algo que puse sobre él en mi sitio web, en una sección llamada “Museo Virtual” que contiene fotos e historias sobre algunas de las personas que conocí en Guatemala. Le gustó mucho; lo puso en su página de Facebook.

Por otra parte, todo es agridulce porque había gente que pasó horas conmigo, con quienes llegamos a ser buenos amigos y de quienes no conozco el paradero. Es bien posible que estén vivos, y también es posible que no. Uno de ellos, Juan, era integrante del EGP: pasamos hora tras hora hablando en mi hotel. Él fue quien me educó en el porqué de unirse a la guerrilla a una temprana edad.

Al llegar usted por primera vez a Guatemala, en 1980, proyectaban “películas tontas y violentas en los cines”, mientras las de “tendencia liberal” estaban prohibidas. ¿Recuerda sus títulos o se le volvieron un palimpsesto?

Le ofrezco tres ejemplos que encarnaban el cine de aquel entonces. Las vi todas en los Cines Capitol, porque yo vivía al lado, en el Hotel Apartamentos Guatemala, en la 6a avenida 12-21.

Primero: el 25 de diciembre de 1980, como estaba sola en Guatemala, pensé pasar la Navidad viendo una película. Se trató de The Shining con Jack Nicholson –no muy festiva por cierto pero en fin, ¿qué se iba a hacer? El cine estaba lleno de varones adolescentes, quienes habían pagado sólo para ver la escena en donde una bruja, disimulada de chica guapetona, se desnuda y se baña. Recuerdo esa noche muy bien porque un judicial estuvo ahí también: me vio y me siguió hasta mi hotel, insistiendo en que saliera con él, o si no, me dijo, me iba a llevar a la sede de la Policía Nacional, con Chupina.

Segundo: en 1983 llegó Missing a los Cines Capitol.  Se trata de un joven periodista estadounidense, Charles Horman, torturado y asesinado en el Estadio Nacional de Santiago durante el golpe militar chileno de 1973. Me imagino que el Gobierno de Ríos Montt dejó entrar Missing para que, de alguna manera, suavizara lo ocurrido en Guatemala. Yo no la vi, pero mi amiga Lucky Orellana, sí. Me comentó después que se habían agotado las entradas porque el cine se llenó de guerrilla urbana hambrienta por una película de tinte político. “El Ejército”, me comentó riendo, “pudo haber eliminado a la mitad de la ORPA esa noche con una bomba en los Cines Capitol”. Nos matamos de la risa. Poco después, Lucky, militante de las FAR, fue secuestrada, torturada y asesinada en el Cuartel General Matamoros.

Tercero: en 1985, de nuevo en los Cines Capitol, estuve con el hombre con quien me casaría. Ken y yo nos conocimos en las oficinas de HRW: él era un abogado contratado para venir a Guatemala a elaborar un libro sobre el sistema judicial. Nos hicimos amigos y fuimos a ver, junto con Francisco Goldman y Jon Lee Anderson, The Three Amigos. Mi esposo y yo llevamos 20 años de casados, a pesar de su mal gusto cinematográfico y, de hecho, ya he visto esa película 40 veces.

Lo que para unos fue una “guerra civil”, para otros fue un “enfrentamiento armado interno”. ¿Qué fue para usted?

Para mí, lo que pasó en Guatemala fue secuestro masivo ilegal en la capital y asesinatos y masacres en el campo. Y punto.

Reconozco que el nombre que uno aplica a lo que sucedió en Guatemala muchas veces responde al resultado que se desea obtener. El dilema con el término “genocidio”, por ejemplo, es que se ha aplicado tantas veces a las masacres que, en fin, se ha vuelto genéricamente el término que se aplica a toda matanza, como que llamarla otra cosa sería burlar el hecho. Y también tiene sus ventajas “comerciales”. Hace dos años una persona me dijo que la clave para que les financiaran su documental fue poner el nombre de “genocidio” en las solicitudes.  “Poniendo ‘genocidio’”, me dijo, “logramos conseguir los fondos.”

Lo que me sorprende es el hecho de que nadie haya examinado detenidamente lo que ha dicho el presidente Pérez Molina en cuanto al genocidio. Cada vez que se le pregunta acerca del tema, él responde, parafraseando, que “en Guatemala no hubo genocidio porque no hay ningún documento que diga ‘Matemos a los Kak’chiqueles’”.  Pero la verdad es que el Presidente nunca ha desmentido la acusación de masacres, simplemente ha dicho que no hubo genocidio. Es decir, el presidente inadvertidamente ha dejado abierta la puerta, pero nadie está cruzando el umbral.

¿Qué fue para sus padres y su gente más cercana, que sabían que usted andaba por estos rumbos “dejados de la mano de Dios”?

No sabían nada. Filmando Titular de hoy: Guatemala, estuvimos con un Boina Verde, el capitán Jesse García, quien ilícitamente brindaba ayuda militar en forma de adiestramiento y formación militar, a los cadetes de la Escuela Politécnica, en San Juan Sacatepéquez. Salimos con él. Estalló una pequeña bomba debajo del camión en el que íbamos. Como yo me inclinaba sobre el camión para sacar fotos, salí herida. Me quedaron esquirlas en el muslo, las orejas, y muy cerca de la órbita de un ojo. Durante 45 minutos no pude ver por el impacto y la sangre.

No les dije nada a mis padres. El problema fue que la esquirla del ojo era evidente; en varias ocasiones mi mamá me preguntó qué me había pasado, y yo siempre respondía que había chocado contra una gaveta.

¿Le sorprende el hecho rutinario de que “el mantra capitalino” de aquel entonces (“A saber en qué estaba metido”) siga siendo hoy uno de los mantras de toda la república?

No, no me sorprende, porque es una forma de esquivar el enfrentarse con la realidad. La realidad de los años ochenta fue el dominio militar, las masacres y las desapariciones. La de hoy es la impotencia ante la pobreza o una estructura económico-social no tan diferente de la de hace 30 años, con excepción del pandémico crimen común a punta de pistola, y el masivo ingreso de dólares olorosos a narcotráfico.

El “a saber” me recuerda las palabras de Milton Mayer en su conocido tomo sobre los nazis, Thought They Were Free: The Germans, (1933-1945), publicado en 1966. Mayer dice:

“What no one seemed to notice,” said a colleague of mine, a philologist, “was the ever widening gap, after 1933, between the government and the people…You know, it doesn’t make people close to their government to be told that this is a people’s government, a true democracy, or to be enrolled in civilian defense, or even to vote. All this has little, really nothing, to do with knowing one is governing.”

“Lo que nadie parecía notar”, dijo un colega, filólogo, “era el abismo cada vez mayor, después de 1933, entre el gobierno y el pueblo… Sabes, no hace que la gente esté más cerca de su gobierno cuando se hace decir que este es un gobierno del pueblo, una verdadera democracia, o que le enrole en la defensa civil, o incluso que vote. Todo esto tiene poco, nada realmente, que ver con saber que uno está gobernando.

Cambiando la fecha del texto se lo puede aplicar a Guatemala en 1982.

“Rehusarse a patrullar equivalía a una sentencia de muerte”, dice usted en otra parte de su libro. ¿A qué equivalía andar tomando fotos como las que usted tomó?

Primero, yo no corría el mismo riesgo que los guatemaltecos que pertenecían a organizaciones estudiantiles o populares. El pasaporte estadounidense significaba algo. Y psicológicamente, saber que uno podía huir a Estados Unidos en cualquier momento era alentador.

Segundo, hay que entender que “guerra” en la Ciudad de Guatemala no era el equivalente de guerra como la vemos hoy día en los centros urbanos del Medio Oriente, donde organizaciones terroristas matan abiertamente y han muerto decenas de periodistas extranjeros, víctimas o de grupos terroristas o de las circunstancias:  un proyectil, un cochebomba, etcétera.

Claro que hubo riesgos –salí cuatro veces con tres grupos guerrilleros y uno tomaba sus precauciones– pero pensar que no se salía sin chaleco y casco anti-balas era absurdo. (Una vez me puse uno de esos chalecos en una protesta en la Sexta Avenida –la Time había insistido en comprarme uno– pero después de cinco minutos tratando de correr con tal cosa, me lo quité y volví a la Sexta.)

¿De qué sirve “preservar la memoria de la guerra que sufrió Guatemala”, si son legión quienes están más pendientes del resultado de un partido de futbol entre el Barcelona y el Real Madrid?

Quizá el valor de la respuesta se encuentre invirtiendo la pregunta: ¿Cuáles serían las consecuencias de no preservar esa época?” Hacerse de la vista gorda ante esa época es sugerir que esas vidas no valieron nada, y que los acontecimientos de aquel periodo son irrelevantes.  Y si hicieron desparecer esa etapa una vez, ¿podrían hacerlo de nuevo? Cuando ya has comprobado que se puede cometer equis crimen sin repercusiones, esto explícita o implícitamente sanciona que se lo repita en el futuro.

¿Es a propósito el hecho de que la proyección de Granito de arena, de Pamela Yates, y la aparición de la tercera edición de su libro se den más o menos simultáneamente?

No. Guatemala: eterna primavera, eterna tiranía tenía que haberse publicado el año pasado, en agosto de 2011. Después de habernos comprometido a donar el 25% del tiraje a las escuelas públicas nos dimos cuenta de que sería necesario usar papel más grueso y tener un libro cosido en vez de pegado para que el producto fuera más duradero. De ahí subió la cotización y tuvimos que recurrir a una campaña “Kickstarter” para poder pagarlo. Y además, como lo que gana el equipo en Guatemala con este libro es absurdamente poco, tuvimos que buscar fechas en que todos pudiéramos estar juntos trabajando el libro.

¿Ya le envió un ejemplar de su libro al presidente Obama, para que constate “las linduras” a las que en Guatemala ha contribuido la errática política exterior de los diversos gobiernos estadounidenses, tanto demócratas como republicanos?

No hace falta enviarle nada. Obama y yo éramos compañeros de la misma promoción de Harvard Law School; nos graduamos juntos en 1991. De hecho, Obama ya conoce mi política en cuanto a lo que usted se refiere.  El primer mes en Harvard, en 1988,  yo publiqué una nota en el periódico matutino, el Boston Globe, criticando a Harvard por haber recibido contrato con la AID para adiestrar a jueces guatemaltecos a impartir la ley. Me parecía estúpido porque los jueces guatemaltecos conocían perfectamente la ley, solo que no querían administrarla. Y por otra parte, el hecho de que Harvard Law School apoyara al sistema judicial en una Guatemala que todavía estaba a ocho años de firmar los Acuerdos de Paz llevaba un mensaje equivocado.

¿En qué sentido se mueven y hacia dónde se mueven las fotografías agrupadas en el orden que aparecen en esta 3ª edición?

El orden es más o menos cronológico. Tratamos de ser más creativos y las agrupamos según el tema, pero fue un rotundo desastre el cual produjo resultados ilógicos. Yo creo que cambiamos de idea cuando nos dimos cuenta de que estábamos colocando a Cerezo antes que a Ríos Montt.

Parafraseando el pie de foto de la página 55: las imágenes por usted acumuladas ¿“escucharon la verdad y la repitieron”?

La cámara no miente. Mejor dicho, no mentía en la era pre-Photoshop. Si usted ve mis transparencias Kodachrome, verá que son más o menos el espejo de lo que está en el libro, con excepción de unas que fueron “cropeadas”.

En la fotografía de las pp. 74-75 hay un soldado que en los ojos tiene cuchillos para usted. ¿Qué hizo para que una atmósfera tan ominosa no la paralizara?

Los soldados no me daban miedo, solo algunos oficiales. Una vez que el comandante  había oficial o extraoficialmente aprobado tu estancia en equis lugar, los soldados no te prohibían nada. Es que todo era una estructura de clases. Yo, para el soldado en esa foto, era otra persona ladina llevando máquinas caras, y me había visto hablando con su superior. ¿Qué me iba a prohibir él?

La mirada de la niña que está en la página 77, ¿se quedó triste para siempre?

No le sabría decir. La verdad es que yo sospecho que la vida de algunas personas en estas fotos fue, en algunos casos, menos dramática de lo que uno quisiera suponer. Claro que la situación en el Triángulo Ixil era horrible, pero hay que recordar también que, menos de cinco años después, Ríos Montt se había vuelto muy popular ahí.

¿No es increíble e incluso absurdo el que haya tanto color en medio de tanta desolación?

No creo que el color tenga mucho que ver con la realidad de una situación.
Sin embargo, su pregunta me recuerda a las monjas de Nebaj. En 1984, al regresar tentativamente a rehabitar su convento, que quedaba a la par del destacamento, se rehusaron a comprar cualquier trasto verde para el comedor infantil de huérfanos. Fue una pequeña pero valiosa protesta ante la presencia militar en Nebaj.  (Ver texto de Frank Goldman,  “Trastos”, p. 180)

El único maná que ha llovido del cielo sobre estos 108 mil kilómetros cuadrados de orfandad nacional son las balas de las que habla la página 242. ¿No es éste un sitio maldito, capaz de extinguir la expresión “Oh, my God” en cualquier idioma?

Honestamente… no sé cómo responder a esa pregunta.

¿Cuánto insomnio y cuánta indignación puede provocar una fotografía como la que aparece en la página 253?

Yo trabajaba para 60 Minutes, el programa semanal en EEUU. Ellos habían venido a Guatemala en vísperas de la toma de poder de Cerezo. Estaba con la productora, Patti Hassler, desayunando en el Cafetal del Camino Real. Vimos un titular matutino –“Mujer encontrada sin manos”– y nos movilizamos para buscarla. En esa época había pocas morgues (refrigeradas). Fuimos a una. Entré –el equipo no hablaba español– y el guardián me abrió una caja en la que solo había restos humanos regados. Fuimos a la segunda, en Escuintla. Un chico adolescente la vigilaba. Nos dejó entrar. La filmamos. Recuerdo tres cosas: una moto al fondo; las uñas de la víctima perfectamente pintadas, y yo, de nuevo, maldiciendo la mala luz. Suena inhumano decirlo, pero así fue.
Después, a mi jefa le dio pánico. Pensó que nos iban a seguir, que nos iban a arrestar, que iban a catear los cuartos. Me pidió esconder el film: yo tenía membresía en el Cabaña Club del Camino Real, y así fue; la escondimos en mi ropero con mis tenis.
La foto sí es grotesca; un familiar me pidió desmontarla de mi página de Facebook, lo cual cumplí. Sin embargo, estoy agradecida a la familia por permitirme publicarla en el libro, porque a veces yo creo que solo viendo una foto tan inhumana como esa se pueden creer los otros relatos dantescos que no fueron filmados, los cuales corresponden al Ejército y a los judiciales capitalinos.

 “No en vano se han comparado las fotografías de Atget”, dice Walter Benjamin en Sobre la fotografía (Pre-textos, España, 2008), “con las del lugar de un crimen. Pero ¿no es cada rincón de nuestras ciudades un lugar del crimen, no es un criminal cada uno de sus transeúntes? ¿No es la obligación del fotógrafo, descendiente del augur y del arúspice, descubrir en sus imágenes la culpa y señalar al culpable?” ¿Quisiera darnos sus comentarios acerca de esa frase de Benjamin?

Sí. En 1990, el autor Gerald Marzorati publicó un libro sobre el proceso artístico del pintor Leon Golub, cuyas escenas de tortura y torturadores se hicieron famosas en la década de los ochenta. El libro se titula A Painter of Darkness: Leon Golub and Our Times (Viking, NY, 1990). Conozco el libro porque se refiere a mis fotos y a las de dos otros fotógrafos cuyas fotos de Centro América son muy conocidas: Susan Meiselas y Harry Mattison. Acertadamente, Marzorati dice: “[Meiselas, Mattison and Simon]  pudieron trabajar en el presente, y lo hicieron bien. Sin embargo, lo que no lograron hacer era sacar fotos que representaban el poder: cómo funcionaba, [y] cómo funcionaba en la oscuridad”. (p. 35)

Por último, según el mismo Walter Benjamin, “para Baudelaire el atractivo del daguerrotipo es sorprendente y cruel”, además de que en el daguerrotipo “hay algo de subversivo y aterrador”. Si después de leer, observar y escuchar Guatemala: eterna primavera, eterna tiranía, viniese alguien y le dijera que sus fotografías son subversivas, crueles y aterradoras, como piezas del daguerrotipo de Baudelaire, ¿quisiera tener la infinita paciencia de decirnos qué le respondería?

Primero, al tipo le daría las gracias por ser franco. A veces es un respiro de aire fresco.
Segundo, yo diría –y aquí aludiendo de nuevo a las limitaciones fotográficas descritas por Marzorati, arriba– que mis imágenes representan muy poco de lo que representaba la violencia estatal en la Guatemala de aquella época. Y si alguien se ofende con ese poquito… lo siento: que mejor abra un libro de cuentos de hadas.

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